La Virgen de Guadalupe y la liberación de Alepo

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Jóvenes familias cristianas de Alepo: la fe en Cristo es más fuerte que la tentación de emigrar

(SOS).- El fin de la guerra y la búsqueda de un trabajo que les permita “contribuir al desarrollo” del país azotado por años de violencia y terror; el apoyo de una fe “que creció” en todo este tiempo y la “tentación” siempre presente del emigrar si debiesen faltar los recursos básicos para sobrevivir, hasta ahora garantizados “por la ayuda preciosa de la Iglesia”. Esto es lo que dicen dos jóvenes familias cristianas de Alepo, que hablaron con AsiaNews sobre el drama de un conflicto que ya entró en el séptimo año, las perspectivas de paz aún lejanas y los esfuerzos de los líderes católicos locales para apoyar a los más pobres y necesitados. Ambas forman parte del programa de ayuda a las parejas jóvenes, iniciado en los últimos meses por el P. Ibrahim Alsabagh, franciscano de 44 años, guardián y párroco de la comunidad latina.

Presentando la iniciativa, apoyada por el Papa Francisco con una donación de 100 mil euros durante el retiro espiritual en preparación de la Pascua, el P. Ibrahim advierte que la familia “representa el futuro de la sociedad”, sobre todo “en un contexto de guerra”. De ahí la voluntad de apoyar en el plano “material y espiritual” a las jóvenes parejas de aquella que un tiempo fue la metrópolis del norte de Siria.

En las últimas semanas, alrededor de 740 familias, que se formaron después de 2012, recibieron ayudas “incluyendo alimentos, medicamentos y suministro de electricidad”. Parte de las donaciones también se compartieron con familias musulmanas necesitadas, en un contexto de caridad que abraza a todos, independientemente de la fe religiosa que profesen. “Dentro de este proyecto -explica el párroco de Alepo- hay un intento de promover reuniones de formación permanente” para contribuir al apoyo de la pareja “también después del matrimonio”.

La primera de las dos familias entrevistadas por AsiaNews está formada por Bassam Salloum, de 31 años, y Miryam Mahaj, de 29 años, ambos con títulos universitarios en Lengua y literatura francesa. La pareja se casó el 22 de agosto de 2015 y tiene una hija, llamada Tiya, que está a punto de cumplir un año.

Bassam y Miryam se conocieron en 2014, durante el que quizás fue el período más oscuro para la ciudad de Alepo. Los dos jóvenes habían pensado durante mucho tiempo en emigrar y casarse en el extranjero, pero la Iglesia local siempre los ha ayudado -a nivel financiero y espiritual- a los largo del camino y por eso decidieron quedarse. Desde hace un par de años la parroquia colabora en el pago del alquiler del apartamento, la compra de alimentos y el suministro de electricidad. “Nuestra esperanza para el futuro -afirman- es que la guerra acabe y podamos vivir de nuestro trabajo y contribuir al desarrollo de nuestro país”. Sin embargo, hay un fuerte “temor” de que el conflicto pueda “durar mucho tiempo” y la Iglesia “se quede sin recursos”, apuntan. “¿Cómo podremos sobrevivir sin su ayuda?”, preguntan. En estos años de guerra y de violencia “nuestra fe creció: nos casamos en pleno conflicto, sin saber si alguien podría ayudarnos. Contamos sólo con la protección de Dios”, aseguran. En un momento de particular crisis se presentaron en la parroquia, explicando su situación económica y familiar. No conocíamos al P. Ibrahim, pero ya desde el inicio “el sacerdote nos apoyó y animó”, recuerdan. Para poder responder a las necesidades de la familia, Bassam tiene dos trabajos: en la escuela como docente y en la parroquia, donde trabaja en lo social. Cada día trabaja hasta 12 horas, o incluso más si es necesario. El dinero de un mes, confiesa, “es suficientes para sobrevivir tres semanas”. La “tentación” de huir al extranjero es fuerte, porque “toda nuestra familia” ya emigró, pero “la fe en Dios, la Providencia y el apoyo de la Iglesia nos permiten quedarnos en Alepo”, subraya.

Una infancia difícil, con la pérdida de sus respectivos padres a una edad temprana, une a la segunda pareja: Khalil Mstrih, de 32 años, que se graduó en la Universidad y hoy dirige una pastelería y Diala Dib, de 25 años, graduada en Economía y hoy empleada en la recepción de la parroquia. Los dos se casaron el 24 de julio de 2016. “Nos amamos mucho y aunque no veíamos el fin de esta guerra, decidimos casarnos. No teníamos nada cuando dejamos nuestras casas”, cuentan. “Ahora estamos viviendo en un apartamento que dejó libre una familia que ha emigrado, pero si algún día quieren regresar ¿qué haremos? ¿Y adónde iremos? En esta casa nada es nuestro… Usamos sus cosas”, añaden.

Antes de la guerra Khalil trabajaba en una pastelería donde aprendió el arte de la confitería. Con el dinero que ahorró, abrió su propio negocio y hoy habla de él con gran orgullo. “Debido a la muerte de mi padre, tuve que abandonar mis estudios. Logré seguir adelante sin pedir ayuda a nadie. Entonces, comenzó la guerra y todo se perdió”, recuerda. Habría querido emigrar al extranjero, pero la idea de dejar a su madre sola lo detuvo y, por esta razón, decidió quedarse. “Tenemos una gran confianza en Dios -enfatizan Khalil y Diala- y si no tuviéramos una fe fuerte nunca nos habríamos casado. Sólo tenía un dólar cuando la conocí, no sabía cómo podría construir una familia. Es Dios quien nos ha ayudado y nos ha guiado en este camino”. No han abandonado por completo la idea de la emigración, porque” ya no estaríamos obligados a mendigar, sino que podríamos vivir de nuestro trabajo”.

Gracias a la ayuda del P. Ibrahim, Khalil encontró a algunos amigos que le ayudarán a reabrir una nueva pastelería, aunque las ganancias serán limitadas. El costo de alquiler es alto y cada mes existe el peligro de no ganar suficiente dinero para cubrir los gastos. Al no poder contratar personal, su esposa decidió ayudarle en el negocio. “Sufrimos mucho -concluye la pareja- y la ayuda de la Iglesia es vital en este contexto. Sólo esperamos que la guerra termine pronto”.

(Fuente: AsiaNews)

“Las personas que viven la guerra en Alepo solo quieren que dejen de apoyar a los rebeldes”

Apenas supera los 40 años. Entró a la Vida Religiosa a los 18 y vive para misionar. Tuvo tareas en zonas de conflicto. Estuvo en Belén, Palestina y hace apenas dos años salió de Alepo, la segunda ciudad más grande de Siria que sufre ataques y bombardeos por parte de grupos rebeldes. Esta mujer es María de Guadalupe Rodrigo, argentina, nacida en Villa Mercedes, San Luis. A los 23 fue destinada a la misión, tarea que estuvo desarrollando los últimos 20 años. Hasta hace dos años estuvo en Alepo, Siria. Allí vivió la invasión y lo que implicó para el pueblo católico y musulmán. De visita en Salta, contó sus vivencias.

– ¿Cómo fue su experiencia en Siria?

Estuve allá muchos años, especialmente desde el comienzo del conflicto y es por eso que puedo testimoniar lo vivido. Estuve 5 años en Siria y por razones particulares fui retirada de allá. Sin embargo, estuve todo 2011, que fue el inicio del conflicto. Pude vivir cómo era antes del comienzo de este desastre en la ciudad de Alepo.

– ¿Cuándo regresó de Alepo?

Hace dos años que estoy acá. Regresé a Alepo por un corto tiempo. En febrero estuve allí junto a las hermanas de la comunidad del Verbo Encarnado que siguen allí. No estoy en forma permanente pero me mantengo en contacto.

– ¿Había estado antes en alguna zona de conflicto como Alepo?

No. Estuve en Belén donde aprendí a hablar árabe y, si bien viví algunas situaciones de la Intifada o los conflictos entre judíos y palestinos, en comparación con lo que viví después en Siria, eso fue apenas un reflejo de lo que es una guerra.

– Los argentinos vivimos en medio de conflictos sociales pero no en una guerra, ¿estamos muy lejos de poder imaginarla?

Sí, creo es muy difícil imaginarla, hay que vivirla. Yo creía que sabía qué era una guerra, pero la verdad es que estando ahí, adentro, recién se sabe lo que es una guerra. Y por eso uno empieza a valorar tantas cosas, de la vida diaria, cosas básicas que tenemos y no las vemos. Quizás pensamos en lo que nos falta y no en lo que ya tenemos. Allá un día de vida se valora. Se vive de manera intensa, tomando el real sentido de la vida. Hoy puede ser mi último día de la vida, ¿qué pasa después? Ese es el punto. A veces viviendo en forma entretenida, es una pregunta que no nos hacemos. En cierta medida, es una falta de madurez del hombre actual el no preguntarse seriamente por el porvenir. Después de la muerte, ¿qué? Y de acuerdo a eso debo pensar en mi vida hoy.

¿Tanto la comunidad católica como en la musulmana viven la guerra igual, sin que el credo los separe?

– El avance de los grupos fundamentalistas -que lamentablemente están apoyados desde afuera- significó la masacre de cristianos, en primer lugar, y después todo otro grupo religioso. Incluso musulmanes. El Islam que se vivía en Siria era moderado, con muy buena convivencia entre cristianos y musulmanes. Para estos fanáticos, el musulmán moderado es un traidor. Entonces, ciertamente lo están sufriendo y por eso hay tantas conversiones. Hay muchos musulmanes que dicen: “Si esto es el Islam, esto no quiero para mí”.

– ¿Cree que desde Salta se puede hacer algo?

Es una pregunta que hay que hacerse. A veces, lo que nos llega por los medios de comunicación internacionales, y digo las cadenas más importantes de información, es la noticia tergiversada. Todo esto se presenta como guerra civil. “El pueblo sirio levantado contra su gobierno”, y esto es una mentira desde al comienzo. Lo que se vive allí es una invasión desde afuera, no es el pueblo sirio. Entonces, también se manipula el tema de la ayuda. “¿Cómo ayudarlos? Los refugiados, recibir gente, sacar gente”. Y la solución no es sacar gente, la solución es basta de apoyar a los rebeldes, que es lo que pide la gente allá. La gente en Siria pide que no se apoye más a los rebeldes, que están destruyendo el país.

Creo que la primera forma de ayuda es rezar. Si sos cristiano te cortan la cabeza o te crucifican o te entierran vivo. Un cristiano, la verdad, no es que pida para comer, que necesitan ciertamente. Lo que más piden es la oración para mantenerse firmes en su fe. Eso lo podemos hacer todos: es gratis y muy fácil. Es lo que ellos están pidiendo. Entonces ayudémolos como ellos piden ser ayudados. Es muy importante que la verdad se conozca. Desde que empezó el conflicto creamos dos páginas de Facebook: SOS Cristianos en Siria y Amigos de Irak. Allí empezamos a publicar lo que veíamos, las noticias, para que se sepa lo que realmente está pasando.

Por supuesto que hay que pensar en ayudar a los refugiados, pero también hay que darse cuenta de que es un tema muy manoseado. Cuando se habla de los refugiados que van a Europa, no estamos hablando solo de los refugiados que se van de Siria e Irak. Se trata de gente que va de todos lados, que necesita un lugar mejor para vivir y ahí estamos hablando de otro tema. En Siria, la gente pide ser ayudada en su lugar de origen y que se diga la verdad. Se sienten usados por quienes están llevando adelante este conflicto.

– ¿Cómo describe Alepo?

Ahora que estuve en febrero, lloré mucho al ver la ciudad, las familias, las pérdidas. Es muy doloroso, pero por otra parte es bueno ver la fuerza del pueblo. Antes de la guerra, económicamente, estaban muy bien, pero de cierta manera viviendo en medio del materialismo y con una fe un poco superficial. Quizás al ser muy abiertos a Occidente se contagiaban de sus vicios. Materialmente hablando, estaban mucho mejor. Pero como personas se han fortalecido y maduraron en sus convicciones. El Verbo Encarnado tiene estudiantes universitarios que siguen sus estudios adelante sin la necesidad de recordarles que deben aprovechar el tiempo. Saben lo que vale un día de vida. Existe una violencia que creo no se ha visto nunca.

– Las mujeres, ¿cómo viven esta situación?

Alepo era una sociedad muy abierta. El Gobierno en Siria es laico, no islámico, por lo tanto, la mujer tenía un rol importante. En ese sentido, la mujer no ha padecido. Creo que lo que tenemos allá son mujeres muy valientes.

¿Qué está pasando en Siria?

Hermana Guadalupe

Es intolerable lo que está sucediendo en la escena internacional. Intolerable y vergonzoso. Se produce un ataque con armas químicas en Siria, y sin la debida investigación se toman represalias inmediatas contra quien “suponen” es el culpable, atacando una base militar siria donde mueren soldados, y mueren también civiles… ¿A eso llaman “justicia”? ¿Es posible que en pleno siglo XXI, en el que tanto se alardea del ejercicio de la democracia, se tomen decisiones impulsivas y unilaterales que acaban con la vida de más personas inocentes? ¿Qué podemos esperar de nuestras sociedades si quienes nos gobiernan nos enseñan que ante un daño se justifica el castigo sin juicio previo al supuesto culpable? Es el aliciente para que nos matemos unos a otros por simples sospechas… Es el triunfo de la barbarie…

No es la primera vez que se atribuye al ejército sirio el uso de armas químicas, y esto ya parece ser una “prueba”. Como si el número de repetidas sospechas provenientes siempre del mismo bando fuera la prueba definitiva de culpabilidad. ¿Eso se enseña en Derecho en nuestras Universidades??

Pero lamentablemente quienes vivimos este conflicto en Siria desde los comienzos, sabemos que la manipulación de la información ha sido el arma más poderosa. Las acusaciones contra el gobierno sirio se fundan en gran parte en la información proveniente de los mismos grupos rebeldes, como el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (OSDH), que tiene su base de operaciones en Coventry, en Reino Unido, y que está compuesto por una sola persona… O videos realizados por partidarios de los grupos terroristas como al Qaeda (como se vio en la liberación de Alepo). O de los Cascos Blancos, que está probado que hacen videos montaje, y se los ha visto en ejecuciones de soldados del ejército sirio e incluso unidos a una turba que linchaba a los “cerdos” del ejército.

Ya nos ha mostrado la historia, que el “uso de armas químicas” es una acusación inconsistente inventada para justificar los propios intereses. Es la excusa ideal para convencer a la opinión pública. Sucedió en Irak. Y lo hemos visto también en Siria. Recuerdo cuando en el 2013 se acusó al ejército sirio de este tipo de ataques. Los observadores de la ONU llegados al país para la investigación del caso, ya traían en mano la sentencia de condena al gobierno sirio. Y finalmente no pudieron probarlo, pero igualmente confirmaron su culpabilidad.

Nuestra gente en Siria está indignada, y una vez más se sienten decepcionados por el comportamiento de la comunidad internacional. Siguen sosteniendo que durante todos estos años, ha sido el ejército sirio su única defensa, frente a los ataques terroristas de los rebeldes que se cobran víctimas todos los días entre los civiles. Por otra parte, consideran ridículo el hecho de que en estos momentos, en que el ejército nacional apoyado por Rusia está recuperando el control de la ciudades, arriesgue su reputación con un golpe bajo.

Pero prestemos atención a toda la situación en su conjunto. Mientras USA perpetraba el ataque a la base militar Shayrat (Homs), el Estado Islámico atacaba posiciones del ejército sirio en la carretera que une Homs, Furqlus y Palmira. ¿Es esto una coincidencia? ¿No se parece demasiado a lo que realizó la administración anterior de Estados Unidos en setiembre de 2016 cuando atacó “por error” posiciones del ejército sirio en Deir al-Zur matando a 80 soldados, y permitiendo al Estado Islámico recuperar posiciones estratégicas en la zona?

Recemos por el pueblo sirio. Ellos ven con impotencia como destruyen su país y los peores terroristas que nunca se han visto, son apoyados por los poderosos de la tierra.

Un prestigioso médico sirio cuenta la verdad sobre los hospitales de la ciudad de Alepo

(SOS).- “También soy miembro de la Orden de médicos ortopédicos de Francia. Hace un mes, asistí en París a una conferencia internacional. Y dije a la asamblea: aquí, a nadie se le hubiera ocurrido bloquear la atención médica a las víctimas de la sala Bataclan. Entonces, ¿por qué nos impiden a los médicos sirios tratar a las personas heridas por los mismos terroristas que atacaron la sala Bataclan?”. Y ¿qué le respondieron? “Todos permanecieron en silencio”.

El Dr. Emile Katty estudió en Italia y Francia, tiene pasaporte sirio y francés, es cónsul honorario de Polonia y habría podido trasladarse y encontrar trabajo en cualquier otro país. En cambio, permaneció en Alepo, su ciudad natal, donde en el año 2003, en colaboración con monseñor Giuseppe Nazzaro, custodio de Tierra Santa de 1992 a 1998 y vicario apostólico de Alepo de 2003 a 2013, creó el hospital de Al Rajaa (La esperanza), del que sigue siendo el director. La única precaución de Katty, cuando comenzó la batalla por la conquista de la ciudad, fue trasladar a su esposa y sus dos hijos a Beirut.

Él siguió trabajando en el hospital, que cuenta con 65 camas. Durante la guerra asistió, a menudo de forma gratuita, a heridos de todo tipo. El hospital se encuentra en el llamado Nuevo Alepo, un barrio de reciente construcción que, por desgracia para él, está justo en la dirección en la que las posiciones de los rebeldes y los yihadistas están más cerca de la ciudad. Aquí todavía siguen cayendo los misiles (tres, el día antes de mi visita) y los cristales rotos o agrietados lo atestiguan.

“Alepo Oeste”, explica el doctor, “tiene un millón 200 mil habitantes. Los hospitales públicos, del estado, son tres. Luego existen los privados, que son unos cuarenta. Del tamaño del nuestro, y como el nuestro, dotados con casi todas las especialidades, sin embargo, solo hay tres. En estos cuatro años de guerra, por lo tanto, tuvimos que compensar la insuficiencia del sistema de salud, aunque en el ínterin las otras enfermedades, las que no están relacionadas con los traumas en combate, ciertamente no se detuvieron”.

Katty almacena en su teléfono decenas de imágenes horribles. Niños con las extremidades desgarradas, jóvenes y viejos devastados por la metralla de los misiles, incluso una mujer con un proyectil de mortero plantado en la rodilla. “Nosotros la operamos, porque todo el mundo tenía miedo: el artefacto estaba sin explotar y podía detonar en cualquier momento”.

En el hospital Al Rajaa, obviamente, también se aplica el régimen impuesto por la escasez y el estado de emergencia que aún no terminó. Se ahorra en la luz, la calefacción, en todo lo que se pueda recortar sin dañar a los pacientes. Pero las habitaciones más desoladoras son aquellas en las que se amontonan máquinas que podrían salvar vidas y que, en cambio, están acumulando polvo.

“Estos son dos aparatos averiados, para la anestesia neonatal. No podemos obtener piezas de repuesto debido al embargo. Si funcionaran, habríamos salvado la vida de algunos niños. Y esto, fabricado en Italia, es un arco radiológico, una herramienta valiosa en muchas situaciones de emergencia. Resulta especialmente crucial cuando se trata de heridas por arma de fuego, porque permite identificar al milímetro la posición de la bala. En este caso, también nos falta una pieza de recambio”. Y así, de una habitación a otra, de una máquina a otra, de unas atenciones médicas que se podrían haber proporcionado a una curas que se podrían haber puesto en marcha, si Estados Unidos y la Unión Europea no hubiesen declarado el embargo. El enésimo embargo que sueña con golpear al “enemigo” (en este caso, Bashar al-Assad) y en su lugar solo afecta a inocentes.

“Ve”, señala Katty, “aquí no tratamos a los militares, que tienen sus propios hospitales. Curamos solo a los civiles. Por definición, a las víctimas inocentes de cualquier guerra. Le podría contar historias casi increíbles. Por ejemplo: hace dos meses, nos trajeron a un vendedor ambulante que tenía su puesto en frente de la mezquita que está aquí, en este mismo barrio. Había sido herido por la metralla de un cohete y para él, por desgracia, no había nada que hacer. Tres días después, también murió su mujer, fulminada en su casa por una bala perdida. Aquí, nos ocupamos de personas así. Y ¿por qué no nos permiten atenderlas? ¿De qué son culpables? ¿Usted sabe la respuesta? Se lo pregunto a todos los no sirios que me encuentro y todavía ninguno me ha sabido responder”.

(Fuente: Gli Occhi Della Guerra)

Cáritas Siria: Damasco sufre una emergencia hídrica. Millones de habitantes están sin agua

Damasco (AsiaNews).- La responsable de comunicación de Cáritas Siria, Sandra Awad, vive desde hace años el drama de la guerra. En un largo informe, Awad relata la situación que atraviesa actualmente Damasco: falta el agua, la distribución de energía eléctrica se interrumpe durante horas, escasea el gas y el combustible para la calefacción. La ciudad parece que volvió a “la edad de la piedra”.

En los últimos días, advierte la responsable de esta organización eclesial, el mayor problema es la falta de agua potable, un verdadera y propia “emergencia hídrica” que afecta a una cantidad ingente de habitantes de la capital siria. En Damasco, más de cinco millones de personas transcurrieron el Fin de Año sin agua. El 22 de diciembre se interrumpió la provisión de la central de Ain Al-Fija, el centro de distribución más importante de la región. Esta central, que está situada a uno 20 kilómetros de la capital en el valle del río Barada, provee el “70% del agua” a la ciudad y las zonas circunstantes.

Los habitantes de Damasco, señala Awad, “están preocupados”. Acumular reservas de agua -añade- se convirtió en una de las prioridades de este último período. Se trata de una emergencia confirmada recientemente por el cardenal Mario Zenari, nuncio apostólico en Siria, en una entrevista concedida a AsiaNews.

El Gobierno sirio acusó a los rebeldes, que ocupan Wadi Barada desde 2012, de haber envenenado las reservas de agua derramando litros de combustible diésel dentro de los pozos. En el pasado, los combatientes cortaron varias veces la provisión de agua a la capital, como arma de chantaje contra el Ejército gubernamental que quería recuperar la zona.

Poniendo en riesgo la “frágil” tregua nacional firmada por el Gobierno y las milicias armadas, que entró en vigor desde la medianoche del 30 de diciembre gracias a la mediación de Rusia y Turquía, en la zona se realizan enfrentamientos entre los dos frentes. Una preocupación más para millones de habitantes de Damasco, que más allá de la duración del conflicto hoy miran a la necesidad inmediata de agua para beber, lavar los platos o la ropa y para la higiene personal, dice la responsable de Cáritas en su escrito.

Mostapha, de 55 años y padre de 4 hijos, afirma haber esperado “en una cola durante tres horas” para conseguir un poco de agua en un parque público cercano a su casa. “Cuando llegué al grifo -lamenta- el agua fue cortada. Ahora uso un bono para adquirir alguna botella de agua, si en el negocio queda aún alguna. La mayor parte está terminando las reservas”.

El Gobierno sirio, explica Awad, trata de suplir la carencia juntando agua de algunos pozos esparcidos alrededor de la capital, pero son muchos los que ni siquiera cuentan con una mínima reserva. Los privados venden el agua al triple de su precio y se asiste a un progresivo aumento del mercado negro.

Sara, madre de dos hijos, cuenta que compró un poco de agua “a una persona que estaba de paso” a un precio altísimo y sin conocer su proveniencia. “Pero -reconoce- no tenía otra opción”. “Desde hace cinco días mi pozo está seco y tenía que dar de beber a mis hijos”. De aquí, según los expertos, el riesgo creciente de enfermedades relacionadas con el consumo de agua contaminada o no potable. “Mi hijo -apunta Roula, de 39 años y madre de tres niños- tuvo una reacción cutánea muy fuerte después de ducharlo con agua comprada a un traficante. No pudo dormir durante toda la noche. Lo llevé al doctor, el cual me confirmó que se presentaron muchos casos análogos en la última semana”.

En su documento, Sandra Awad asegura que el inicio de 2017 se caracterizó por las “dificultades” y el “cansancio” de muchos habitantes de Damasco. A su modo de ver, se puede suplir la falta de electricidad y combustible, pero no sucede lo mismo con el agua. “Esperemos -concluye- que esta pesadilla pueda terminar rápidamente”.

Signos marianos en la guerra de Siria

(ReL).- La situación de los cristianos en Siria sigue siendo terrible aunque tanto sufrimiento no les ha hecho perder la fe sino incluso reforzarla. Así lo explicó el arzobispo grecocatólico de Homs, Jean Abdo Arbach, recientemente en Madrid y Barcelona tras ser invitado por Ayuda a la Iglesia Necesitada.

En una conversación con la Fundación Cari Filii habló también del amor del pueblo sirio por la Virgen María, incluidos muchos musulmanes, así como de los signos que apuntan a una especial acción de María en aquella tierra.

“Nuestra región de Homs, con poblaciones como Qalamún, Malula -donde fueron secuestradas unas religiosas- o Yebrud, siempre ha sido de una gran devoción mariana y siempre ha contado con muchas capillas dedicadas a la Virgen”, explica el arzobispo, que habla español porque durante varios años fue párroco de los católicos melquitas de Córdoba (Argentina).

Misa en Yebrud sin electricidad… pero con luz
En marzo de 2014 el ejército sirio reconquistó Yebrud, que había sido durante 5 meses el feudo principal de la facción rebelde de la región de Qalamún, que incluía a numerosos yihadistas.

Jean Abdo Arbach, que era arzobispo de Homs desde enero de 2013, llegó allí el 9 marzo de 2014 para celebrar misa en la capilla de la Virgen María de la Salvación, patrona de la diócesis. Como en casi todo el pueblo, no había electricidad debido a los destrozos de la guerra.

“No había electricidad… y sin embargo yo notaba algo, unas luces que brillaban durante la misa. No sólo yo, las otras 70 personas que estaban conmigo lo notaron. Y sin electricidad”, señala el arzobispo.

Dos días después, de vuelta a Homs, el sacerdote de Yabrud le telefoneó de noche para contarle que la imagen de la Virgen lloraba, que tenía lágrimas. “Volví a Yebrud para verlo. Allí la gente me lo comentaba, que habían visto las luces y las lágrimas”.

La Virgen, vestida de blanco, en las montañas
Los cristianos de Yebrud contaban también historias. “Decían que unos musulmanes habían visto a la Virgen María, vestida de blanco, caminando por las montañas que dominan a la ciudad”, muy visible desde el valle donde están las viviendas.

En otra ocasión, el arzobispo celebró misa en un pueblo, y algunos de los jefes musulmanes acudieron a la misa.

“Uno de estos jefes vino a hablar conmigo, y me habló con devoción y agradecimiento de la Virgen. Me entregó un cuadro que representaba a un soldado de rodillas, ante la Virgen María. Me dijo que esa escena había pasado en Yebrud la noche anterior a la liberación. Después consulté a un sacerdote local y me dijo que muchos musulmanes habían rezado, descalzos, venerando a la Virgen, que era algo que muchos sabían allí”, explica el arzobispo.

Una gran imagen de la Virgen reemplaza las destruidas
Los yihadistas en Yebrud habían destruido la parroquia y los iconos de la Virgen en la plaza donde siempre habían estado. En esa misma plaza ante la parroquia los cristianos levantaron, tras la liberación de la ciudad, una estatua de la Virgen de 7 metros de alto. “La dedicamos a Nuestra Señora de la Paz”.

En Yebrud la Patrona es la Virgen de la Salvación, representada en un icono del siglo XVII que tiene su leyenda milagrosa: unos obispos lo trasladaron de una capilla a una gran iglesia, pero al día siguiente el icono volvió milagrosamente a su capilla original, como negándose a dejar el lugar. En la zona hay mucha devoción también a la Virgen de la Paz, patrona de la catedral de Homs.

Devoción al icono milagroso de Soufanieh
Y la población cristiana de toda Siria es muy devota del icono de la Virgen de Soufanieh, en Damasco, cuyos hechos milagrosos (lágrimas y sudor de aceite curativo) han sido aprobados oficialmente tanto por el arzobispo católico como por el ortodoxo. Este icono pertenece a un matrimonio mixto: Nicolás, ortodoxo, y Myrna, grecocatólica. Fueron testigos de los hechos de 1982 sus amigos y vecinos musulmanes.

“La Virgen es la Madre de Dios, la Madre de la Iglesia y Madre Nuestra; en mayo le hacemos oración cada día y tenemos asociaciones marianas en Siria desde hace mucho siglos. Los cristianos sirios la amamos con devoción”, concluye el arzobispo de Homs.

Ella da consuelo en estos tiempos duros. El arzobispo tiene una lista con nombres y apellidos de 420 cristianos que han muerto mártires en su diócesis estos años. Y recuerda que la ciudad de Alepo hace poco contaba con 200.000 cristianos y hoy apenas quedan allí 30.000 entre grandes privaciones.