El despotismo de los Hermanos Musulmanes

(SOS).- El resultado del referéndum presidencial en Turquía ha puesto de relieve un aspecto que no puede no ser tomado en cuenta y que es como el Islam político vinculado a los Hermanos Musulmanes apuesta por transformar la democracia en una dictadura a través del voto.

Lo intentó Mohamed Morsi, el ex presidente de Egipto “elegido democráticamente”, en un año de gobierno desastroso, enfrentándose en el verano de 2013 con millones de egipcios que salieron a las plazas para exigir elecciones anticipadas. En un largo y delirante último discurso, Morsi amenazó a todos, desde la oposición a las instituciones no alineadas, corriendo el riesgo de sumir a Egipto en el abismo de una guerra civil. En ese momento, la intervención del Ejército condujo a la caída del gobierno/régimen de los Hermanos Musulmanes, al arresto de Morsi y a nuevas elecciones. Unos hechos que sus seguidores denominan “golpe”.

Después de la caída de Morsi, curiosamente, coincidiendo con la prohibición de los Hermanos Musulmanes, Egipto fue sacudido por una ola de ataques de matriz islamista mientras en el Sinaí se infiltraban los yihadistas del ISIS.

Precisamente, el primer partidario y aliado de Mohamed Morsi fue Erdogan, que en varias ocasiones invocó el regreso al poder en Egipto del ex presidente islamista. ¿Qué tienen en común los dos personajes? En primer lugar, su pertenencia a la facción ideológico-política de los Hermanos Musulmanes, incluidos en la lista negra de organizaciones terroristas de Egipto, Siria, Arabia Saudita, Emiratos Árabes y Rusia.

Ambos personajes han perseguido sistemáticamente a periodistas, periódicos, personalidades de los medios, adversarios, en definitiva, a cualquier persona que se atrevió a criticarlos. Baste pensar que, bajo la presidencia de Morsi, el número de denuncias y litigios contra la prensa aumentó en cuatro veces con respecto a los tiempos de Hosni Mubarak y veinticuatro veces más respecto a los de Sadat, según ha informado la Arabic Network for Human Rights Information.

En la Turquía de Erdogan la situación es mucho peor, pero solo porque en Egipto Morsi fue parado a tiempo. En los tres meses siguientes al fallido golpe de estado turco, el número de periodistas en las cárceles turcas se ha elevado a 107. Los órganos de comunicación que han sido cerrados son 173, incluyendo televisiones, radios y periódicos, y más de 2.500 periodistas han perdido sus puestos de trabajo. Los números se refieren únicamente a otoño de 2016.

Erdogan lleva en el cargo desde 2003, ha concentrado cada vez más poder en sus propias manos y tiene como objetivo plausible permanecer como el Rais indiscutido hasta el 2023, año del centenario de la fundación de la República, ¿tal vez para convertirla oficialmente en un Estado islámico?

En realidad, a pesar de que los seguidores de Morsi y Erdogan se alegren del resultado de la votación, tienen poco que celebrar. En primer lugar, porque la maniobra del Rais turco vuelve a mostrar que la facción de los Hermanos Musulmanes no es un interlocutor fiable, capaz de aceptar los principios democráticos. Morsi lo demostró en su momento y ahora es el turno de Erdogan.

Para el islamismo político vinculado a la Hermandad, el mecanismo democrático es solo un medio para tomar el poder y luego usarlo despóticamente contra los opositores. Se trata de un aspecto que los gobiernos europeos han de tener en cuenta al interactuar con ejecutivos, organizaciones y personas vinculadas a esa facción ideológico-política. La yihad no se hace solo con las armas, sino también a través de la infiltración política y social.

Además, no hay que olvidar que Erdogan está ligado con Moscú tras el deterioro de las relaciones con los Estados Unidos y la Unión Europea. Por desgracia para él, sin embargo, Moscú es también el primer aliado de aquel Assad que Erdogan tanto detestaba, hasta el punto de proporcionar apoyo de todo tipo a los yihadistas en Siria, desde los miembros de Al Qaeda hasta los del ISIS, todos en clave anti-alauita.

Cada vez que el Rais ha intentado “ladrar” contra Al Assad, ha sido llamado de inmediato al orden por el Kremlin y no cabe duda de que Erdogan tendrá que tragar muchos sapos sujeto por la correa de Putin, dado que Rusia no tiene intención de romper el eje chií que une a Beirut con Teherán, pasando por Bagdad y Damasco. No hay que olvidar también que los “sí” apenas han ganado con un 51,3%, sin la mayoría abrumadora que esperaba Erdogan, otro aspecto a considerar con mucha atención.

(Fuente: Gli Occhi Della Guerra)

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