Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia lanzan un ataque conjunto contra Siria

(SOS).- El presidente de Rusia, Vladimir Putin, calificó el ataque contra Siria de Estados Unidos, Reino Unido y Francia como un “acto de agresión”. En un comunicado difundido este sábado por el Kremlin, el líder ruso acusó a Washington de agravar la crisis humanitaria en el país árabe y de saltarse las normas del derecho internacional y la carta de la ONU.

“Sin la sanción del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en violación de la Carta de la ONU, las normas y principios del derecho internacional, se ha cometido un acto de agresión contra un Estado soberano que está a la vanguardia de la lucha contra el terrorismo”, aseguró Putin.

“El agravamiento actual de la situación en torno a Siria tiene un impacto devastador en todo el sistema de relaciones internacionales. La historia pondrá todo en su lugar, y ella ya le ha dado una gran responsabilidad a Washington por sus sangrientas represalias contra Yugoslavia, Irak y Libia”, dijo el líder ruso, refiriéndose a otras intervenciones militares estadounidenses de las últimas décadas.

Putin advirtió de que las acciones de las potencias occidentales solo sirven para ayudar al terrorismo. “Rusia condena con la mayor seriedad el ataque contra Siria, donde los militares rusos están ayudando legalmente al Gobierno en la lucha contra el terrorismo”, prosiguió.

Según el jefe del Kremlin, el ataque puede provocar una nueva oleada de refugiadas procedentes de la región. “Con sus acciones, Estados Unidos empeora aún más la catástrofe humanitaria en Siria, lleva el sufrimiento a la población civil, y de hecho, consiente a los terroristas que torturan desde hace siete años al pueblo sirio”, detalló Putin.

El mandatario también anunció que Rusia ha convocado una reunión urgente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas “para discutir las acciones agresivas de Estados Unidos y sus socios”.

Por su parte, el embajador de Rusia en Washington, Anatoli Antonov, indicó que el ataque lanzado contra Siria por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, Reino Unido y Francia “no se quedará sin consecuencias”.

“Los peores presagios se han cumplido. No han escuchado nuestras advertencias. Nos vuelven a amenazar. Habíamos advertido de que estas acciones no se quedarán sin consecuencias. Toda la responsabilidad recae en Washington, Londres y París”, subrayó Antonov en una declaración oficial difundida por la Embajada.

Ante esta escalada bélica, el secretario general de la ONU, António Guterres, instó a los países miembros de la organización a que muestren moderación “en estas circunstancias peligrosas” y se mantenga el respeto al derecho internacional.

“Insto a todos los estados miembros a que muestren moderación en estas circunstancias peligrosas y eviten cualquier posible escalada de la situación y el sufrimiento del pueblo sirio”, aseveró Guterres.

El secretario general de la ONU también recordó que el Consejo de Seguridad tiene como “principal responsabilidad el mantenimiento de la paz y la seguridad”, y pidió a sus miembros que se mantengan unidos “y asuman esa responsabilidad”.

Los misiles empezaban a caer sobre Siria cuando el presidente Donald Trump —en una declaración solemne desde la Casa Blanca— anunciaba esta madrugada “una operación militar combinada con las fuerzas armadas de Francia y el Reino Unido” en respuesta al supuesto ataque del pasado fin de semana en la ciudad de Duma, atribuido al Gobierno sirio.

Una hora más tarde del anuncio de Trump, el jefe del Estado mayor del Ejército estadounidense, el general Joe Dunford, señalaba desde el Pentágono que el ataque perpetrado de manera conjunta por las fuerzas aéreas y navales de los tres países había terminado.

El secretario de Defensa, James Mattis, explicó que se trataba de “ataques puntuales” dirigidos contra objetivos concretos y aclaró que por ahora “no hay planeadas más” intervenciones.

Según el Pentágono, Francia aportó a la operación cuatro aviones de combate y cuatro buques de guerra, Reino Unido participó con ocho aviones de combate, y Estados Unidos llevó el grueso de la operación con un destructor, un submarino y cinco aviones de combate. Washington no avisó a Moscú del comienzo de la operación militar.

Después de varios días de discusiones y mensajes contradictorios, la Casa Blanca decidió seguir adelante con el plan anunciado por el presidente norteamericano de lanzar misiles “nuevos, bonitos e inteligentes” contra Siria sin esperar al permiso del Congreso ni a las conclusiones de la investigación internacional sobre el supuesto ataque contra Duma.

El Gobierno sirio denunció “la agresión tripartita” occidental como “una violación flagrante del derecho internacional” que está “condenada al fracaso”.

Las autoridades de Damasco condenaron “en los términos más fuertes” la “agresión bárbara y brutal” de Estados Unidos, Francia y Reino Unido contra varios puntos en la capital y en la provincia de Homs. “La agresión de los regímenes arrogantes y de la hegemonía occidental fue el resultado de la frustración después de que el proyecto conspiratorio en Siria no tuviese resultado”, apuntaron.

Horas después del bombardeo perpetrado esta madrugada, el portavoz de la Comandancia General del Ejército sirio, Ali Maihub, declaró que el ataque contra Siria “no ha afectado a la capacidad militar” del país árabe.

Maihub dijo que sus sistemas de Defensa Aérea han logrado, “con alta competencia”, interceptar una gran cantidad de misiles de crucero —el Ejército derribó al menos 71 de los 105 proyectiles que fueron disparados desde los buques de guerra y los aviones de combate de las potencias agresoras— que iban dirigidos contra el pueblo sirio.

El líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, tachó a su vez de “criminales” a los dirigentes de las tres naciones que han llevado a cabo la operación, que recibió el apoyo de la OTAN y la Unión Europea.

China —miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU— rechazó el ataque y recordó su “oposición al uso de la fuerza en las relaciones internacionales”. Las autoridades del gigante asiático reclamaron un regreso “a la ley internacional” y una “solución política”.

Mientras, Trump agradeció a Francia y a Reino Unido su colaboración en el ataque “perfectamente ejecutado” en Siria y proclamó que “no se podía obtener mejor resultado. ¡Misión cumplida!”.

De la mano del presidente francés, Emmanuel Macron, y la primera ministra británica, Theresa May, Trump lideró la ofensiva más contundente contra objetivos sirios desde que estalló en 2011 la guerra en el país árabe.

(Fuente: Agencias)

Anuncios

Crisis Rohingya: ¿tendrá éxito la mediación de China?

(SOS).- En los últimos días ha habido una frenética actividad diplomática de parte de China en la crisis de los Rohingya. Tras haber aplaudido, en el pasado, la intervención del ejército birmano contra la minoría, ahora Beijing se propone como mediador entre Myanmar y Bangladesh. No está claro si el acuerdo establecido a finales de noviembre entre los dos países, para el regreso de los Rohingya, ha sido fruto de la mediación china. Lo que no deja de ser cierto es que Beijing está preocupada por la intervención de otras potencias en la región de Rakhine, donde China ha gastado miles de millones para un oleoducto, un gasoducto, infraestructuras, convirtiendo a esta zona en uno de los centros neurálgicos del proyecto Belt and Road Initiative, la Nueva Ruta de la Seda.

En el texto que publicamos a continuación, por cortesía de la Jamestown Foundation, Sudha Ramachandran*
enuncia todas las relaciones económicas y militares que Beijing mantiene con Dacca y Naipyidó, y explica este nuevo rol de mediador internacional asumido por China,  motivado por sus intereses económicos, más que por razones humanitarias (traducción al español, de AsiaNews).

Durante su visita a Dacca (Bangladesh) y a Naipyidó (Myanmar) los días 18 y 19 de noviembre, el ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, ha propuesto un plan en tres etapas, para resolver la crisis Rohingya. Ante todo, Wang ha solicitado un cese del fuego, orientado a restaurar el orden y la estabilidad en la región, para frenar el flujo de Rohingya que huyen hacia Bangladesh. China piensa que esto podría servir para preparar una segunda etapa: las negociaciones entre Myanmar y Bangladesh para afrontar el problema de los refugiados. La tercera y última fase comprende el desarrollo económico del Estado de Rakhine, para afrontar las causas que subyacen a la violencia (Global Times, 20 de noviembre).

Según parece, Naipyidó y Dacca han aceptado el plan de China, y esto marca el inicio de una nueva fase de involucramiento de Beijing en el conflicto de los Rohingya (FMPRC, 20 noviembre). Hasta ahora, el rol de China se limitaba a proveer ayuda humanitaria para los refugiados Rohingya, y proteger a Myanmar de las censuras internacionales. ¿Por qué China adopta ahora un rol de mediador en el conflicto? Y, ¿hay probabilidades de que tenga éxito en llevar la paz a esta agitada región?

El conflicto Rohingya

La crisis Rohingya comienza el 25 de agosto, cuando el gobierno de Myanmar declara “organización terrorista” al  Arakan Rohingya Salvation Army (ARSA), en respuesta a los ataques letales perpetrados en puestos de policía y del ejército en el Estado de Rakhine, en la zona occidental de Myanmar (Mizzima, 28 de agosto). Este lanza una represión militar en Rakhine que –según se afirma– apunta a los militantes (Mizzima, 16 de octubre; Terrorism Monitor, 10 noviembre). De todos modos, se desencadena una violencia horrenda contra la población civil Rohinyá, e incluso sontra mujeres y niños. Pueblos enteros son arrasados. Se piensa que más de 600.000 Rohingya -de los aproximadamente 1,1 millones de Rohingya que viven en Myanmar- han huido a Bangladesh (The Wire, 17 noviembre). La crisis actual es la más grave que se recuerde en la historia del conflicto Rohingya, que ya lleva varias décadas.

Las raíces del conflicto Rohingya (como todos los demás conflictos étnicos de Myanmar) se remontan al período colonial, pero la Independencia trajo consigo una discriminación anti-Rohingya, que se ha tornado sistemática y seria. Grupo étnico musulmán que lleva siglos viviendo en el Estado de Rakhine, los Rohingya no figuran entre los 135 grupos étnicos oficiales de Myanmar. Desde 1982 se le niega la ciudadanía, lo cual los convierte en apátridas (Daily Sabah, 23 de octubre). Además de los sufrimientos por mano de los militares, los Rohingya también han estado en la mira de grupos armados budistas de Rakhine (The Wire, 17 noviembre). La violencia ha producido olas migratorias de Rohingya rumbo a los países vecinos como Bangladesh, Tailandia, India, Malasia e Indonesia. Puesto que también se les niega su ingreso en estos países, los refugiados Rohingya son rechazados y languidecen en campos improvisados y superpoblados.  (The National, 13 septiembre).

El apoyo de China

Las noticias sobre las atrocidades de los militares birmanos, perpetradas contra los civiles Rohingya que huían han suscitado la indignación internacional. Zeid Ra‘ad al-Hussein, responsable del Consejo de la ONU abocado a los derechos humanos, ha descripto la situación como “un ejemplo de un manual de limpieza étnica” (UN News Centre, 11 septiembre). Incluso varios países islámicos y potencias occidentales han criticado la brutal represión de Myanmar contra los Rohingya (Arab News, 5 septiembre, FirstPost, 23 septiembre).

Mientras tanto, China ha elogiado públicamente las represiones del gobierno de Myanmar en Rakhine. En septiembre, el embajador chino en Myanmar, Hong Liang, “se mostro fuertemente a favor” de los “contraataques de las fuerzas de seguridad birmanas contra los extremistas terroristas [Rohingya, ndr]” a la vez que describió la campaña militar como un “asunto de competencia interna”  (The Global New Light of Myanmar, 14 septiembre). Más tarde, en el mismo mes, Hong le aseguró al gobierno de Myanmar que China permanecería a su lado “con firmeza” en el plano internacional y que continuará brindando la “asistencia necesaria” para ayudarlo a “mantener la estabilidad interna y el desarrollo” (The Irrawaddy, 27 septiembre).

En la ONU, China puso un freno a las resoluciones contra Myanmar, y obligó a suavizar las declaraciones críticas como consecuencia de la brutal campaña militar contra los Rohingya. El 6 de noviembre, por ejemplo, el Consejo de Seguridad de la ONU (UNSC) expresó “grave preocupación por las noticias sobre violaciones de los derechos humanos y abusos en el Estado de Rakhine” y solicitó al gobierno de Myanmar que procediese “a garantizar que no haya un ulterior uso excesivo de la fuerza militar” (United Nations, 6 noviembre). Si bien se trataba de una fuerte censura sobre el uso de la fuerza militar de Myanmar contra los Rohingya, la misma sólo constituía una declaración –y no una resolución- cuya aplicación no es obligatoria. China y Rusia forzaron al UNSC a emitir una declaración de la presidencia, en lugar de una resolución. La declaración denuncia el modo en que Myanmar ha manejado la crisis, pero carece de consecuencias.

Los intereses chinos en Rakhine

Los intereses chinos en el Estado de Rakhine surgen por su posición estratégica y por sus recursos hídricos. El Estado está situado en la bahía de Bengala, que se abre sobre el Océano Índico. La extensa costa del Rakhine ofrece al sur de China un acceso al mar, mientras que a China oriental le brinda una vía más corta para llegar al Océano Índico. De la misma manera, el puerto de  Gwadar,  en Pakistán, permite a Beijing transportar petróleo, gas y otros productos del Asia occidental hacia la China occidental, bastante subdesarrollada, a través de una ruta que pasa por Pakistán  (China Brief, 31 de julio, 2015 y Mizzima, 31 de octubre). Los puertos y oleoductos en Rakhine incrementan de modo significativo el comercio de China con África y Asia occidental, y lo liberan de la dependencia del congestionado Estrecho de Malaca  (China Brief, 31 de julio, 2015).

Además, Rakhine es rico en recursos naturales. En el año 2004, a lo largo de sus costas se descubrieron vastos yacimientos de gas. A principios del 2008, China adquirió gas proveniente del área y desde el 2013 comenzó a transportarlo desde  Kyaukphyu, sobre la costa de Rakhine, hasta la provincia china del Yunnan, a través del gasoducto Myanmar-China. Este gas resuelve las necesidades de las provincias chinas de Yunnan, Guizhou y Guangxi, y de otros condados y ciudades. Desde abril de este año, el petróleo del Rakhine es transportado a China mediante un oleoducto que corre en paralelo al gasoducto citado (China Daily, 11 de mayo y Mizzima, 31 de octubre).

Se dice que China debe haber invertido cerca de dos mil quinientos millones de dólares americanos en los proyectos para el transporte del gas y del petróleo, y que está invirtiendo otros diez mil millones de dólares en la zona económica especial de Kyaukphyu, que incluirá un puerto de aguas profundas y un parque industrial, con el objetivo de convertir a Kyaukphyu en un centro económico marítimo (Mizzima, 31 de octubre).

Las áreas más azotadas por la violencia actual están situadas en el norte de Rakhine, cerca de la frontera entre Myanmar y Bangladesh. Beijing está preocupada, aún cuando Kyaukphyu, el oleoducto y el gasoducto no están en esta zona, y tampoco corren por la zona afectada por la inquietud. El surgimiento del ARSA y su creciente capacidad de lanzar ataques sobre objetivos bien protegidos indica que, para ellos, atacar fuera de sus bases es sólo una cuestión de tiempo. Lo cual ha incrementado la preocupación de Beijing por la seguridad  de las infraestructuras construidas y en las cuales ha invertido tanto en Rakhine.

El Estado de Rakhine juega un rol significativo en la Belt and Road Initiative (BRI) de China. El puerto de Gwadar en Pakistán, el puerto de Kyaukphyu y Myanmar serán importantes centros para el cinturón marítimo de la Ruta de la Seda de la BRI. De ello se deriva que la “estabilidad de Rakhine” sea vista como un factor “importante” para el éxito de la BRI, tal como fue dicho por U Maung Maung Soe, analista de asuntos étnicos y políticos (The Irrawaddy, 4 septiembre). El interés de China por hacer que se termine la crisis Rohingya y restaurar la estabilidad en la región se ve movido por la preocupación del impacto que la violencia y las tensiones de Rakhine podrían tener sobre el éxito de sus proyectos en Myanmar y en la BRI.

Estrechos vínculos de China con Bangladesh

También en Bangladesh China ha invertido fuertemente en la modernización y construcción de infraestructuras portuarias, carreteras, puentes y ferrocarriles. También es su principal socio; Bangladesh ofrece un gran mercado para productos chinos. Los informes de defensa también son fuertes; Bangladesh es el segundo importador de armas chinas (después de Pakistán) y es la fuente del 82% de todas las armas compradas por Bangladesh entre 2009 y 2013 (China Brief, 21 de junio de 2016).

China también está ansiosa por proteger sus fuertes y crecientes intereses y lazos en Bangladesh. Aquí hay una preocupación sobre la campaña militar de Myanmar contra los Rohingya, que es directamente responsable de la ola de refugiados en Bangladesh y que ha dejado en Dacca la pesada tarea de encontrar refugio y alivio para los refugiados Rohingya. La estrategia militar de Myanmar no solo contribuyó al éxodo de los refugiados, sino que también causó la militancia Rohingya. Para Bangladesh, que ya está luchando con una serie de grupos yihadistas, la emergencia del ARSA y el adiestramiento de sus cuadros en lugares-santuario de Bangladesh plantea más amenazas a la seguridad. La adhesión de China a la estrategia de Myanmar sobre el tema Rohingya ha provocado naturalmente una “gran decepción” en Dacca (Daily Star, 13 de noviembre).

Para aliviar la carga de Dacca en el cuidado de los refugiados Rohingya, China está ofreciendo ayuda, incluidas tiendas y mantas a los refugiados Rohingya en Bangladesh (Xinhuanet, 13 de octubre). Los líderes chinos están preocupados por los intentos de Bangladesh de atraer potencias extra-regionales para resolver la crisis, empujando a Beijing a acelerar los esfuerzos para llevar a Myanmar y Bangladesh a la mesa de negociaciones y dar conclusión al problema de los refugiados.

¿La mediación china tendrá éxito?

En el pasado, China evitó desempeñar el papel de mediador en conflictos fuera de sus fronteras, justificando que estaba en contra de sus principios de no injerencia en los asuntos internos de las naciones soberanas. En cualquier caso, en los últimos años ha demostrado una creciente disposición a mediar para terminar con los conflictos. Por ejemplo, ha estado involucrado en los esfuerzos para llevar al gobierno afgano y los talibanes a la mesa de negociaciones (Express Tribune, 7 de marzo). Más recientemente, ha practicado contactos diplomáticos entre Afganistán y Pakistán para detener las crecientes tensiones entre los dos vecinos (Times of India, 26 de junio). China parece querer asumir el papel de mediador en regiones donde tiene fuertes intereses económicos o de otro tipo, y es la principal motivación que empuja a la mediación de Beijing en la crisis de Rohingya.

Es probable que el conflicto en la crisis Rohingya empeore debido al enfoque de China hacia el desarrollo militar-económico. El desarrollo de una región violenta debido a los actores externos rara vez beneficia a los locales, como se ve en la provincia pakistaní de Baluchistán. El desarrollo chino del puerto de Gwadar en la región ha empujado a los militantes a golpear a los que vienen del exterior (Express Tribune, 12 de abril de 2015, China Brief, 31 de julio de 2015). Casi con toda seguridad, los proyectos en el Rakhine favorecerán a los inversores extranjeros, a los budistas de Rakhine, y a la mayoría bamar, no a los marginados Rohingya. El desarrollo que no produce la inclusión económica de los Rohingya profundizará las críticas existentes y creará nuevos conflictos.

Para resolver el conflicto, es importante que Myanmar enfrente la raíz de los problemas, que son principalmente políticos: la denegación de la ciudadanía y los derechos del pueblo Rohingya y las políticas discriminatorias. Es difícil para China presionar a Myanmar sobre el tema de la ciudadanía. Además, se sabe que el ejército birmano es muy sensible a la soberanía del Estado y es poco probable que responda positivamente a las presiones chinas sobre estos temas.

China tiene una cierta influencia política y económica sobre Bangladesh y Myanmar, pero carece de otras cualidades que un mediador debería tener si quiere tener éxito en la pacificación del conflicto Rohingya. En particular, Bangladesh cree que China tiende hacía Myanmar; y podemos esperar que la economía sustancial de Beijing y otros intereses en Rakhine alimenten las sospechas de Myanmar sobre las verdaderas intenciones y acciones de China.

Conclusión

La mediación china difícilmente resolverá el conflicto Rohingya. A lo sumo, su intervención podría poner una tapadera a la violencia desencadenada por las fuerzas militares de Myanmar en el Estado de Rakhine. Esto podría garantizar un cierto grado de estabilidad, pero no la paz en Rakhine. En el futuro, uno puede esperar que China se ofrezca como mediadora en conflictos internos y entre naciones donde tiene intereses importantes, especialmente aquellos que incluyen naciones que son parte de la Belt and Road Initiative.

*Investigadora independiente y periodista que reside en Bangalore (India).

(Fuente: AsiaNews)

Obligan a cristianos chinos a sustituir la cruz por la imagen del presidente Xi Jinping

(SOS).- Las autoridades locales de la región de Yuang, en la provincia china de Jiangxi, están presionando a cristianos chinos para que retiren del interior de sus casas la cruz y el cuadro de Jesús y que los sustituyan por la imagen del presidente de la República Popular China, Xi Jinping.

Según informa el periódico South China Morning Post, el objetivo de estas presiones es “convertir a los creyentes de la religión, en creyentes del Partido Comunista”. Para lograrlo, amenazan con retirar las ayudas económicas a las familias que no obedezcan.

Este chantaje está teniendo un impacto fuerte entre la población cristiana de la zona, un 10%, ya que se trata de una región rural en la que la población vive en situación de pobreza: el 11% de su millón de habitantes vive bajo el umbral de pobreza.

Esta medida coincide con la nueva etapa inaugurada en China desde que Xi Jinping accedió a la Secretaría General del Partido Comunista Chino, en noviembre de 2012, y, un año después, a la Presidencia de la República Popular China.

La concentración de poder en manos de Xi Jinping se ratificó y amplió tras el congreso general del Partido Comunista celebrado el pasado mes de octubre.

Durante esa sesión, el mismo presidente anunció el nacimiento de una “nueva era” para China en la que el “gigante asiático” debería aspirar a convertirse en la principal potencia política, económica y militar del mundo.

Para los ciudadanos chinos, esa “nueva era” se ha traducido en la imposición del culto a la figura del presidente, un fenómeno que no se producía en el país asiático desde tiempos de Mao Tse-Tung, el sangriento líder comunista impulsor de la Revolución Cultural China que causó millones de muertos y supuso la instauración del comunismo.

Según confirmaron a la publicación citada algunos funcionarios locales, al menos 600 personas han retirado ya de sus hogares los símbolos religiosos y los han sustituido por retratos del presidente y simbología del Partido Comunista.

El representante de la región en la Asamblea Popular China, Qi Yan, explicó que la campaña se inició en el pasado mes de marzo y se ha centrado principalmente en familias que reciben ayudas para erradicar la pobreza.

“Estas personas –afirmó– viven en situaciones de pobreza, muchas veces por la enfermedad de algún familiar, y piensan que si creen en Jesús se curarán de su enfermedad. Lo que queremos es hacerles entender que su enfermedad es algo físico, y que la gente que realmente puede ayudarles es el Partido Comunista y su Secretario General”.

(Fuente: ACI)

Rusia y China vetan una resolución del Consejo de Seguridad contra el Gobierno sirio

(SOS).- Rusia y China vetaron este martes en el Consejo de Seguridad de la ONU un proyecto de resolución que intentaba imponer sanciones al Gobierno sirio.

La propuesta, que estaba defendida por Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, contó con el apoyo de nueve países, otras tres naciones se abstuvieron y tres representantes votaron en contra, incluidos los de Rusia y China, que ejercieron su derecho de veto.

Es la primera vez que Rusia y China vetan un proyecto de resolución en el Consejo de Seguridad de la ONU desde que llegó a la Casa Blanca el presidente Donald Trump, el pasado 20 de enero.

La iniciativa estaba siendo negociada desde diciembre pasado, impulsada inicialmente por Francia y el Reino Unido, aunque en las gestiones se unió posteriormente Estados Unidos.

Las sanciones estaban dirigidas contra once representantes de la Administración de Bashar al-Assad y diez instituciones por su vinculación con supuestos ataques químicos contra civiles en Siria.

Además de Rusia y China, también votó en contra Bolivia, que ocupa uno de los asientos no permanentes del Consejo de Seguridad.

Se abstuvieron los representantes de Egipto, Etiopía y Kazajistán, y votaron a favor, además de los tres países que defendían la iniciativa, Italia, Japón, Senegal, Suecia, Ucrania y Uruguay.

Rusia ya había anunciado que vetaría la propuesta, aunque se desconocía qué posición adoptaría China finalmente.

Es la séptima ocasión en los últimos cinco años que Moscú veta una resolución contra el Gobierno sirio en el Consejo de Seguridad a raíz del conflicto armado que estalló en ese país árabe en 2011.

(Fuente: Agencias)