Porqué ha atentado ahora el ISIS en España

(SOS).- 13 años después del ataque terrorista en la estación de Atocha, en Madrid, España ha sido nuevamente víctima del terror. Esta vez, a expensas de Barcelona. Unas pocas horas después del atentado que ha sacudido Las Ramblas, el corazón de la vida nocturna, el turismo y también de la ciudad de Barcelona, ​​las preguntas se agolpan y se esperan respuestas, con una única certeza: la yihad está presente en España. Y escribimos “está presente” y no “ha vuelto”, por la sencilla razón de que el yihadismo nunca se ha ido de España. Al igual que un volcán inactivo, esperando explotar para reclamar nuevas víctimas, el terrorismo de origen islámico vive en España desde hace años, se alimenta de símbolos, de hombres, de redes criminales y de una cultura subterránea que se ha establecido en todo el territorio español. Durante mucho tiempo, la política española y también la opinión pública, que se alimenta de lo que dice la política y los medios de comunicación, han considerado que la participación en la guerra de Irak de la mano de Aznar fue la causa del ataque a Madrid. De una u otra forma, España se ha autoconvencido de haber pagado el precio de esa guerra con el atentado y de haber cerrado así el paréntesis yihadista contra el país.

En realidad, no ha sido así en absoluto. Y si Barcelona ha sido la manifestación más clamorosa y horrible de esta amenaza, hay toda una serie de elementos, de factores y también de noticias que, si se analizan en su conjunto, muestran una imagen absolutamente profunda y arraigada de un islamismo mucho más peligroso y presente de lo que se creía. El hecho de que no se hubieran producido muertes, hasta hace unos días, a manos del terrorismo en territorio español, no era un indicio de que se tratara de una amenaza latente pero sustancialmente inofensiva. Ante todo, nunca hay que olvidar un hecho esencial: España siempre ha estado en el punto de mira de la propaganda yihadista, tanto de Al Qaeda como del Estado Islámico. En cualquier mapa del mundo en sintonía con el islamismo radical, en todas las revistas, en cada mensaje relacionado con Europa, España está presente y es llamada Al Andalus. Este es el nombre que los árabes dieron a la Península Ibérica en la época de los primeros ataques contra los reinos visigodos. Islam y España o Al Andalus– entrelazan su historia desde hace siglos, y hay una parte del fundamentalismo islámico que nunca ha olvidado al que durante siglos ha sido uno de los territorios más grandes bajo el dominio árabe. El simbolismo de Al Andalus ha sido retomado por todos. Baste decir, como ejemplo, que una de las siglas más peligrosas del yihadismo magrebí, Jamaat Nusrat al-Islam wal Muslimin, cuenta con un medio propio de propaganda cuyo nombre es Al Zallaqa, el nombre que los soldados musulmanes dieron al campo de batalla y que significaba “terreno resbaladizo”, debido a la cantidad de sangre cristiana que se había vertido.

Ahora, la sangre vuelve a fluir en España, pero esta vez no hay una batalla, sino que se trata de una guerra. Una guerra sucia, terrible y vergonzosa, y como tal debe ser tratada. España se enfrenta ahora a un atentado, pero también a muchas amenazas. El número de yihadistas detenidos ha aumentado exponencialmente en los últimos años. Una señal de que los Servicios de Inteligencia y la Policía trabajan, pero una muestra ineludible de la presencia real de este peligro. Por primera vez, en 2017, el número de yihadistas detenidos en las prisiones españolas ha superado al número de detenidos por pertenecer a ETA. El terrorismo islámico ha suplantado así al verdadero peligro local que ha ensangrentado a España durante décadas. En 2012 sólo hubo cinco operaciones con ocho detenidos; En 2013, ocho operaciones con 20 detenidos; En 2014, 13 operaciones con 69 detenidos; En 2015, 36 operaciones con 75 detenidos; En 2016, 36 operaciones con 69 detenidos. Hasta ahora, en 2017, ya se han realizado 27 operaciones policiales con 37 detenidos.

En Cataluña, una tierra que ha sido testigo del último ataque sangriento de Las Ramblas, el fenómeno yihadista y el del radicalismo islámico, en general, se nota particularmente. Barcelona, ​​junto con Ceuta y Melilla, es considerada una central del yihadismo islamista. Y el hecho de que se inserte junto con los dos enclaves en territorio marroquí, pone de manifiesto que se trata de un fenómeno absolutamente significativo para la ciudad catalana. El 40% de los arrestos por actividades relacionadas con el terrorismo islámico en todo el territorio español, se produjo en Cataluña. De estos, el 95% en Barcelona. Aquí la población islámica es cada vez mayor y, aunque no hay un Molenbeeck catalán, existen unos lugares en los que es más fácil que, alrededor de los centros islámicos o de las mezquitas radicales, se creen zonas francas donde se alimente el yihadismo. Son las mismas áreas desde donde decenas de combatientes han salido para luchar en las filas del Estado Islámico, y que hoy vuelven y contribuyen a alimentar el terror en el país que los vio nacer o los acogió. Un problema que no debe subestimarse, sobre todo porque muchos de ellos, procedentes de Ceuta y Melilla, tienen pasaporte español y, por lo tanto, son a todos los efectos ciudadanos españoles y europeos.

Muchos se preguntan si España ha sido atacada por alguna razón. Es difícil dar una. No estamos ante un país culpable de guerras o crímenes contra el Islam. Y se cometería el mismo error que después de Atocha: querer encontrar una especie de causa-efecto entre guerra y atentados. Las cosas no son así: el ISIS, Al Qaeda y sus afiliados (incluso sus lobos solitarios, que no son solitarios en absoluto) no golpean a un país porque ha hecho algo. Simplemente atacan donde haya un terreno fértil para crecer y perseguir su plan. España, por desgracia, lo ha sido.

(Fuente: Gli Occhi Della Guerra)

Egipto – Los coptos de Al Minya fueron ejecutados tras negarse a renunciar a su fe

(SOS).- “Somos coptos, no tenemos miedo”, fue el cántico de los cristianos egipcios que despidieron en pequeñas ceremonias en la provincia de Al Minya a las víctimas del último atentado contra esta comunidad en Egipto, reivindicado por el Estado Islámico (Daesh, por su acrónimo en árabe).

Fueron coptos hasta el final, cuando los yihadistas enmascarados hicieron detener los vehículos en los que viajaban al monasterio de San Samuel, en el desierto al sur del país, los encañonaron y les forzaron a renunciar a su fe, según han relatado los supervivientes.

A los cristianos emboscados –trabajadores del monasterio, peregrinos y decenas de niños de viaje con la parroquia– se les instó a recitar la shahada, la profesión de fe musulmana. “Se les pidió renunciar a su fe cristiana, uno por uno, pero se negaron, y murieron como cristianos”, ha explicado un testigo del ataque que perdió a sus sobrinos.

Algunos de los hombres que se negaron a abjurar de su fe fueron forzados a abandonar los vehículos y, en aquel camino de polvo sin asfaltar en medio del desierto egipcio, fueron ajusticiados de un disparo a quemarropa. Otros murieron cuando, indiscriminadamente, los extremistas dispararon desde dentro de los autobuses, uno de ellos un microbús cargado de niños de corta edad.

“Mi hermano George estaba preparando su boda el próximo mes, iba al monasterio a rezar y meditar”, ha indicado la hermana de uno de los fallecidos. Cirilo, un estudiante de apenas 18 años, quería unirse a la facultad de Medicina, pero la presión de los próximos exámenes le asustaba, así que decidió viajar al monasterio para pedir a los monjes de San Samuel que rezaran por él. Las víctimas más jóvenes tenían apenas 2 y 4 años, según una lista publicada por el Obispado.

Esta nueva matanza contra la comunidad cristiana, en la provincia egipcia con mayor número de fieles, se ha registrado un mes después de la visita del Papa Francisco a El Cairo.

Ayer, tras rezar el Regina Coeli desde la Plaza de San Pedro, el Pontífice ha pedido “que el Señor reciba en su paz a estos testigos valientes, estos mártires, y convierta los corazones de los terroristas”.

Los autores de la masacre habrían filmado el ataque, que se ha cobrado las vidas de 29 personas según las últimas cifras del Ministerio de Salud egipcio, con la presunta intención de difundir más tarde el vídeo como parte de su propaganda, apuntando a la sangrienta firma de Daesh, que la mañana del sábado confirmó su implicación en los hechos.

La organización radical sunní ha afirmado en un comunicado que varios “soldados del Califato” acabaron con más de “31 cruzados” en una “emboscada” mientras se dirigían al monasterio de San Samuel.

La reivindicación del Estado Islámico se produjo horas después de que el presidente Abdelfatah al-Sisi culpara a esta formación islamista del ataque en Al Minya, con el objetivo de “acabar con el Estado egipcio”. Aunque todavía no se ha detenido a los autores de la masacre, el Ministerio de Interior ha asegurado que los terroristas habrían recibido entrenamiento en Libia.

Por este motivo, Al Sisi dijo que sus Fuerzas Armadas atacarían los campos de entrenamiento yihadistas “tanto en Egipto como en el extranjero”. En una reacción similar a la ordenada tras la decapitación en Libia de una veintena de coptos en 2015, a última hora del viernes aviones de la Fuerza Aérea egipcia bombardearon posiciones de Daesh en Derna, al este del país norteafricano.

Desde el pasado mes de diciembre, unos 70 coptos fallecieron en atentados con bomba perpetrados en iglesias de El Cairo, Alejandría y Tanta. La organización radical sunní se atribuyó la autoría de los ataques suicidas y amenazó con más atentados. El pasado abril, tras los trágicos sucesos en Alejandría y Tanta, el presidente egipcio se vio obligado a declarar el estado de emergencia en el país durante tres meses.

(Fuente: Agencias)

Más de 100 muertos en un atentado contra un convoy de evacuados cerca de Alepo

(SOS).- Los 5.000 residentes evacuados el viernes de los pueblos chiíes de Fua y Kefraya, en la provincia siria de Idleb, fueron blanco ayer de un ataque suicida con coche bomba, que dejó más de un centenar de muertos y decenas de heridos.

La explosión se produjo en la zona de Al Rashidin, a las afueras de la la ciudad de Alepo, donde las víctimas estaban esperando a ser trasladadas a su destino final.

El vehículo que estalló es un cuatro por cuatro tipo pick-up y provocó una gran destrucción en los autobuses a bordo de los cuales los evacuados llegaron a Alepo y esperaban ser llevados al pueblo de Yebrin, cercano a la urbe.

La mayoría de las víctimas son niños y mujeres, de las familias evacuadas de Fua y Kefraya, que abandonaron sus hogares después de haber permanecido cercados durante más de dos años por varios grupos armados extremistas. El coche bomba se introdujo en la zona con el pretexto de entregar ayuda humanitaria.

Poco después de la explosión, se reanudó el proceso pactado de evacuación, tanto de los residentes de Fua y Kefraya, como de los 2.200 civiles y combatientes que salieron ayer de Madaya y que también se habían quedado a las afueras de Alepo.

Los vehículos que transportaban a los evacuados de Madaya emprendieron el camino desde la zona de Al Ramusa hacia la provincia de Idleb, controlada por los grupos armados rebeldes. Mientras que el convoy de Fua y Kefraya se dirigió a la ciudad de Alepo, en manos de las autoridades sirias.

La evacuación de civiles y milicianos de las poblaciones de Madaya, Fua y Kefraya tuvo lugar en aplicación de un acuerdo entre el Gobierno sirio y los rebeldes para pacificar estas localidades.

(Fuente: Agencias)

Pakistán – Tras el atentado de Daesh a un templo sufí, el Ejército abate a más de 100 terroristas

(SOS).- El Gobierno de Pakistán lanzó una operación antiterrorista en la que asegura haber abatido a más de un centenar de personas a lo largo del país, un día después del atentado suicida contra un templo sufí en el que murieron al menos 88 personas.

Las operaciones del Ejército comenzaron el jueves de madrugada, horas después de que un suicida hiciese explotar las bombas que portaba en el templo sufí Lal Shahbaz Qalandar, en la provincia meridional de Sindh, cuando un gran número de fieles participaba en una ceremonia religiosa. La matanza fue reivindicada por el Estado Islámico (Daesh, por su acrónimo en árabe), que ya en el pasado asumió acciones terroristas en suelo paquistaní.

“Más de 100 terroristas han sido abatidos desde anoche”, afirmó en un comunicado el director de la oficina de comunicación del Ejército (ISPR), Asif Ghafoor. El portavoz añadió que las operaciones continúan y que se han confiscado cantidades de armamento “considerables”. Entre los objetivos se encontraban varios refugios de extremistas en la frontera afgano-paquistaní, pero los militares no ofrecieron más detalles acerca de dónde se llevaron a cabo las operaciones antiterroristas o quiénes son los muertos.

El primer ministro paquistaní, Nawaz Sharif, viajó a Sehwan, la ciudad donde ocurrió el atentado. Una vez allí, visitó a los heridos y se reunió con las autoridades locales. “Ordeno y autorizo a mis fuerzas armadas y agencias de seguridad a que eliminen al enemigo con toda la fuerza del Estado”, afirmó el mandatario en un comunicado.

Mientras tanto, el Ejército paquistaní convocó a diplomáticos afganos a su cuartel general y pidió que el Gobierno de Kabul tome medidas y entregue a 76 terroristas que se esconden en su territorio, señaló Ghafoor.

Poco después, Sartaj Aziz, asesor de Asuntos Exteriores del primer ministro Sharif, mantuvo una conversación telefónica con el consejero de seguridad nacional afgano, Hanif Atmar, en la que le trasladó la preocupación de su Gobierno por los grupos terroristas que supuestamente se cobijan allí.

El jefe del Ejército paquistaní también telefoneó al comandante de las fuerzas de la OTAN en Afganistán, general John Nicholson, para expresarle su “preocupación” por los actos terroristas en Pakistán reivindicados por grupos que tienen a sus líderes en suelo afgano. “Ese tipo de actividades e inacción (contra los terroristas) prueban nuestra política actual de restricción del paso en la frontera” con Afganistán, explicó Bajwa a Nicholson, según un comunicado difundido por el Ejército paquistaní.

Ante esas acusaciones, el Gobierno afgano respondió a Pakistán que la lucha antiterrorista de su país es “honesta”. “Siempre hemos probado nuestra honestidad en la lucha contra el terrorismo y esperamos que otros países prueben la suya en la lucha contra los insurgentes”, destacó el mandatario afgano, Ashraf Gani, en un comunicado difundido por el Palacio Presidencial.

El del pasado jueves fue el sexto ataque de la semana en Pakistán, en un repunte de la violencia que se produce tras una gran disminución de las acciones desde que a inicios de 2014 las autoridades lanzaran una operación militar en las zonas tribales, que continúa en la actualidad, y que había envuelto al país en cierto optimismo tras una década de continuos atentados.

Activistas, intelectuales y educadores expresaron a AsiaNews su preocupación por el clima de renovada violencia, que está sembrando miedo y temor entre la población paquistaní.

Samson Salamat, presidente del Rwadari Tehreek (Movimiento por la tolerancia), dijo: “Pakistán está en estado de shock por esta nueva ola de extremismo y terrorismo, que ha azotado a todas las provincias”. “El gobierno federal y el de las provincias, así como las agencias antiterroristas son responsables de esto. Durante años, hemos exigido políticas y estrategias para hacer frente al terrorismo violento, pero como única respuesta sólo hemos obtenido algunas iniciativas que no apuntan al núcleo del problema. A pesar de que se ha aprobado un Plan de acción nacional para combatir el terrorismo, el mismo jamás fue llevado a la práctica en su totalidad, con un  compromiso por parte de todos los actores implicados”, añadió.

El resultado de esta inercia, prosiguió, “es que continuamente asistimos, impotentes, a grupos ilegales que llevan a cabo manifestaciones, encuentros y que recaudan dinero en público”. Y lo que es peor, subrayó, “es que incluso algunas personas que tiene responsabilidades en el Gobierno, muestran una actitud débil hacia los terroristas, llegando incluso a permitirles las manifestaciones públicas. Todo esto es inaceptable.  Gobierno y funcionarios estatales deben proponer políticas claras. El objetivo primario de la agenda política debe ser la tolerancia cero hacia todas las formas de extremismo. La nación debe salir del silencio y presionar al Gobierno”.

Según el educador Ishtiaq Ahmed, “todas las personas de bien deben condenar los ataques que golpean a inocentes. ¿O acaso queremos una sociedad en la cual nadie esté seguro, y donde fanáticos con armas puedan salir de paseo sembrando el desorden entre nuestra gente? La llamada guerra santa proveniente de Afganistán amenaza nuevamente nuestras vidas”.

“Nuestros corazones están destrozados. El atentado al templo de Lal Shahbaz Qalandar demuestra que los pobres y los vulnerables pueden convertirse en un blanco de un momento a otro. Por el contrario, el jefe de ministros y todos los políticos están seguros”, lamentó el escritor Ajmal Shabir.

Adnan Rehmat, un conocido editorialista, consideró que ha llegado el momento de “eliminar el elemento religioso [islámico] de la Constitución, y establecer, de una vez por todas, que la tarea del Estado es garantizar el bienestar de los ciudadanos, y no utilizar a estos últimos para sus manías de grandeza en su voluntad de surgir como líder de la Ummah [comunidad islámica] sobre la base de una identidad religiosa y confesional. De otro modo, lo que el Estado quiere no haría más que coincidir con aquello que quieren y glorifican los terroristas”. “Las personas pobres –concluyó– están cansadas de ser asesinadas por estos experimentos religiosos grandiosos”.

(Fuentes: AsiaNews / Agencias)

Pakistán – Talibanes atacan un mercado chií como “venganza contra Assad”

(SOS).- Una explosión en un mercado en la localidad de mayoría chií de Parachinar, en Pakistán, ciudad fronteriza con Afganistán, dejó este sábado al menos 24 muertos y provocó más de 30 heridos.

El atentado fue reivindicado por la facción Hakimulá Mehsud de los talibanes paquistaníes Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP), el principal grupo terrorista del país, y la organización de vocación sectaria Lashkar-e-Jhangvi (LeJ).

Un portavoz de los talibanes paquistaníes, Qari Saifulá, afirmó que el objetivo de este ataque “es vengar la muerte de los nuestros, muertos por las fuerzas de seguridad, y dar una lección a los chiitas por su apoyo a Bashar al-Assad“, el presidente sirio que pertenece a la minoría alauita, una rama del islam chiita.

El atentado se registró a primera hora de la mañana en el mercado de Eidgah, que se encontraba muy concurrido de clientes que compraban frutas y hortalizas. Ikramulá Jan, un responsable del Gobierno pakistaní, confirmó que la explosión fue causada por un artefacto artesanal escondido en una caja de verduras.

El primer ministro paquistaní, Nawaz Sharif, expresó en un comunicado su “profundo dolor” por el suceso y ordenó que los heridos reciban asistencia médica de manera urgente.

Por su parte, el obispo anglicano de Peshawar, Earnest Jacob, condenó el acto de violencia e invitó a todos a “rezar por los heridos”. “Sólo la paz en Afganistán podrá mejorar la situación en Pakistán. Una bomba en un país es seguida por otra bomba en el país vecino. Y mientras tanto ninguna de las autoridades de ambos países adoptan acciones serias contra los talibanes responsables de los ataques terroristas”, añadió.

El P. Nasir William, director del centro para las comunicaciones sociales de la diócesis de Rawalpindi, expresó su preocupación por el hecho que “los atentados bomba se convirtieron en un fenómeno común”. El Gobierno, sugirió, “debe controlar de cerca los lugares donde son fabricados estos artefactos rudimentarios”.

La ciudad de Parachinar se encuentra en el valle de Kurram, en una zona fronteriza con Afganistán en la denominada Línea Durand que en 1893 diseñó las fronteras modernas de ambos países. Este distrito ha sido el escenario de enfrentamientos entre musulmanes sunitas y chiitas. Estos últimos constituyen alrededor del 20% de los 200 millones de habitantes de Pakistán.

Kurram es uno de los siete distritos tribales semiautónomos de Pakistán que se rigen por leyes y costumbres locales. Las zonas tribales semiautónomas del noroeste del país asiático registran una importante presencia de terroristas talibanes afganos y paquistaníes, y de otros grupos extremistas vinculados a Al-Qaeda.

Pakistán lanzó en junio de 2014 una operación militar en las zonas tribales que ha ayudado a reducir significativamente las acciones insurgentes, en un operativo que ha causado la muerte de 3.500 supuestos terroristas y desplazado a un millón de personas.

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(Fuente: AsiaNews / Agencias)

Al menos 15 muertos y 35 heridos por la explosión de un coche bomba en Siria

(Agencias).- Un coche bomba causó el jueves al menos 15 muertos y 35 heridos en la localidad de Yabla, cerca de la ciudad costera de Latakia, en el norte de Siria. El número de víctimas mortales podría aumentar debido a que hay heridos graves.

La explosión se registró en las proximidades del estadio municipal Al Baladi, donde los terroristas hicieron detonar un vehículo cargado con material explosivo de gran potencia.

El atentado también provocó importantes daños materiales en viviendas y comercios de los alrededores, en el barrio de Al Imara, donde suele haber mucho tráfico y movimiento de personas.

El pasado mes de mayo, Yabla fue sacudida por cuatro explosiones que causaron la muerte de 45 personas. El autodenominado Estado Islámico (EI o Daesh, por su acrónimo en árabe) reivindicó esos atentados a través de la agencia de noticias Amaq, vinculada a los yihadistas.

De momento, ningún grupo terrorista asumió la autoría del ataque del día 5 en la región de Siria donde reside la minoría alauí del país (a la que pertenece el presidente Bashar al-Assad) y donde los niveles de violencia son menores desde el inicio del conflicto en marzo de 2011.

La población celebra el fin de los combates en Alepo con cantos y bailes

Alepo (AsiaNews).- En los últimos días, alrededor de seis mil combatientes salieron de Alepo con sus familias. Mientras, más de dos millones de civiles decidieron permanecer bajo el control del Gobierno en la segunda ciudad más importante de Siria. Un hecho que no necesita de muchos comentarios y que tranquiliza a todos aquellos que mostraron preocupación por el destino de los civiles en la martiriada metrópolis. Según fuentes bien informadas, el pueblo de Alepo celebró con cantos y bailes su liberación. Esta semana, hay un ambiente de alegría generalizada, a pesar de los estragos de la guerra y de las marcas del conflicto que surgen por todas partes.

Sin embargo, la mayor victoria de Alepo no fue la liberación de la ciudad de los yihadistas y los insurgentes, sino el fracaso total de los grupos armados rebeldes que durante cuatro años intentaron matar el espíritu de tolerancia y convivencia entre las religiones y etnias. Un elemento peculiar de Siria, y en especial, de esta ciudad del norte, que ningún extremismo yihadista pudo borrar en todo este tiempo.

Como una señal de triunfo y de fiesta, el barrio cristiano armenio de Al Azizia erigió este martes el árbol de Navidad más alto del país, iluminando festivamente las calles de Alepo. Una banda, compuesta por jóvenes armenios vestidos de Papá Noel, actuó en la plaza para el deleite de todos los habitantes de la zona. En la iluminación del árbol, había más musulmanes que cristianos. Todos unidos, mostraron su entusiasmo cantando y bailando en un clima típico de las fiestas de Navidad.

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La noticia de gente celebrando, testimoniada por las transmisiones en directo desde una plaza llena de gente, no agradó a los grupos salafistas y yihadistas. Durante cuatro años, hicieron proselitismo tratando de imponer un islam wahabí y takfiri: una visión basada en la exclusión de los “infieles” y en una lucha abierta contra los no creyentes.

Estos grupos extremistas trataron de sembrar nuevamente el terror y la incertidumbre en la población. Intentaron golpear con un ataque terrorista, frustrado por la Policía local, a la gente reunida en las calles para celebrar. Colocaron una bomba a punto de explotar en la plaza de Al Azizia, para frenar el masivo retorno de todos los desplazados internos alepianos, que habían salido de la ciudad poco después del ascenso de los rebeldes y los yihadistas.

Después de la liberación por parte del Ejército sirio, alrededor de un millón de personas originarias de Alepo regresaron a la metrópolis. Ahora, se disponen a reanudar sus vidas, que fueron súbitamente interrumpidas por los grupos yihadistas. Toda esta gente quiere reconstruir, reemprender las actividades y volver a abrir las fábricas, devolver el equipamiento robado por las milicias y contrabandeado con Turquía. En la zona se respira un ambiente de entusiasmo y dinamismo, elementos que siempre caracterizaron al pueblo de Alepo.

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La noticia del atentado fallido no hizo mella en la población, que ya es inmune a los “trucos” de los combatientes “por la libertad” y los partidarios de un “califato querido por fuerzas extranjeras”. Irónicamente, los ciudadanos de Alepo ven en lo que está sucediendo exactamente lo contrario de lo que había sucedido anteriormente.

Todo comenzó con bombas y ataques terroristas, seguido por la ocupación de los distritos al este de Alepo y la llegada de los yihadistas. Ahora, lo que ocurre es exactamente lo contrario: la salida de los yihadistas en primer lugar, precedida por la liberación de los barrios al este y ahora el regreso a lo básico, con las bombas y los ataques terroristas.

Aunque pueda parecer paradójico, la población considera como una buena señal dicho intento de atentado. Lo califican como una suerte de señal de desesperación y desconcierto de los grupos yihadistas, ahora impotentes y luego forzados a ataques cobardes e impredecibles. Un gesto de quien sabe que ya no tiene futuro en una ciudad que volvió a vivir y esperar.