Desde Alepo la Madre Nazaret nos cuenta sobre el Mes de María

Decía Juan Pablo II: “En el Rosario aprendemos de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor”. Una ocasión de renovar esta experiencia junto a los fieles fue el mes de mayo, dedicado especialmente a honrar a la Santísima Virgen.

Ella es el punto de encuentro y el lugar de refugio seguro donde encontramos siempre acogida en las adversidades. ¡Cuánto más en las circunstancias que vive la Iglesia y los cristianos en estas tierras!! Sabemos por San Juan Bosco, que “es casi imposible ir hacia Jesús si no se va por medio de María…Estamos en este mundo como en un mar borrascoso, como en un destierro, en un valle de lágrimas. María es la estrella del mar, el consuelo de nuestro destierro, la luz que nos indica el camino del cielo enjugando nuestras lágrimas”. Por medio de Ella imploran y reciben nuestros cristianos la gracia de mantenerse fieles en medio de las pruebas, el alivio en medio de la cruz; la alegría verdadera en medio del dolor.

Eres faro en los revueltos mares,
medicina en el lecho de agonía,
luna en las noches de tiniebla fría,
norte de nuestra vida en los azares.

Jamás se oyó decir que a tus altares
acudiese algún hijo, Madre mía,
que no haya visto al punto en alegría
convertidos su llanto y sus pesares

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