¡Conozcamos a las nuevas Santas Palestinas!

Sor María Bwardy de Jesús Crucificado

María de Jesús Crucificado nació en Baouardy Iblin, una aldea en la Alta Galilea, cerca de Nazaret, en 1846, hija de padres árabes. La religiosa carmelita dio vida, en Belén, al primer Carmelo en tierra palestina. Un compromiso, el suyo, que ha llevado frutos a todo el mundo.

Fue bautizada en la Iglesia católica greco-melquita y desde su juventud experimentó algunos fenómenos místicos extraordinarios (estigmas, éxtasis, conocimiento de los corazones, profecías y otros). En Francia entró en el Carmelo de Pau y fue enviada a la India para fundar nuevos carmelos.

Posteriormente fue trasladada a Belén, donde murió en 1878 y fue beatificada por el papa San Juan Pablo II en 1983.

En su beatificación el Papa dijo de ella que reflejó los diferentes rostros de la Iglesia greco-católica en la que fue bautizada y creció, y la Iglesia Latina (de Roma), donde se preparó para la vida carmelitana.

Además se unió a las comunidades cristianas en el Líbano, Egipto, Francia y la India.

En el Carmelo de Belén, actualmente se puede visitar la celda de la santa con diversos objetos de uso personal.

 

Hermana María Alfonsina Ghattas

María Alfonsina Ghattas nació en Ein Karem, Jerusalén en 1843. Fue fundadora de la congregación femenina del Santísimo Rosario de Jerusalén.

En su beatificación en 2009, el Patriarca de Jerusalén dijo que “la Madre Ghattas nació en una familia muy piadosa en Jerusalén, donde trabajaban y oraban en familia”.

La religiosa sintió que el Señor la llamó a abrazar la vida religiosa y con 15 años de edad se unió a la Congregación de las Hermanas de San José de la Aparición. Después de la primera profesión, la madre superiora le confió la misión de la enseñanza del Catecismo en la escuela de las Hermanas de Belén.

Sor María Alfonsina era un catequista incomparable, una humilde educadora, y un apóstol incansable. Tuvo repetidamente visiones de Nuestra Señora, quién la instó a establecer para las niñas de su país una congregación que llevaría el nombre de Hermanas del Rosario.

Desde su propia familia, vivió una piedad profunda, una fuerte fe en la Providencia y una completa confianza en la Virgen María. Aunque sobresalió en dos virtudes especiales: por un lado el amor por el silencio y la vida retirada, y por el otro el amor a la cruz y el sacrificio por el otro.

Murió en 1927 y fue beatificada por el papa Benedicto XVI en 2009.

Que espera la Tierra Santa de estas canonizaciones? La respuesta fue muy bien expresada por el Patriarca Latino de Jerusalén, S. B. Mons. FOUAD TWAL:
“Esta Tierra Santa, que sufre mucho y que ha hecho sufrir mucho, donde hay tantos militares, donde hay ocupación, guerra y violencia, da dos ejemplos de santidad. Y esta debe ser la vocación de esta tierra, que esperamos poder seguir.”
“El Carmelo hoy tiene una dimensión mundial, porque las monjas que están en el Carmelo de Belén llegan desde Polonia, África, Francia, de América Latina…de todo el mundo…  Mientras que las hermanas del Rosario ahora están en todo el mundo árabe, musulmanes, también en el Golfo. Tienen el carisma de la educación, sobre todo la educación de las chicas y hacen un trabajo bellísimo.”

El ejemplo de las dos mujeres palestinas, que son canonizadas precisamente en el Año de la Vida Consagrada, se espera que pueda animar el testimonio de los cristianos de Tierra Santa en siglo XXI.

M. María de Nazaret

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