¡Eternamente felices!

El martes 21 de abril nos embargó de tristeza. Abu Said, padre de una queridísima familia de la Catedral, se había marchado silenciosamente de esta tierra. Se encontraba en el Líbano, con sus hijos y nietos, como otras tantas familias refugiadas de Alepo. Allí aguardaban la visa para Canadá.
Con enorme dolor había dejado Siria. Toda una vida de agricultor le ataba el corazón a esta amada tierra.
1475901_697252840309335_1962760259_nLlegaron las visas, pero no las de Abu Said y su señora, que por haberse traspapelado se retrasarían un poco más. Se separaron entonces, alentados por la esperanza del reencuentro. Pero pasaron apenas unas semanas, y el día en que llegaban sus visas, Abu Said falleció mientras dormía. Su esposa se encontró sola, y enterró a su marido sola, en país extranjero. Uno de los tantos dolores de la guerra…
Abu Said no quiso ser inmigrante en otra tierra que no fuera la suya. Y eligió el Cielo, que es la morada definitiva. Allí espera reunirse con los suyos, y para siempre. Ya sin guerras, ya sin dolor… ¡Eternamente felices!

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