Asia Bibi: el drama de ser cristianos en Pakistán

En Italia, el marido y la hija de la mujer cristiana condenada a muerte por blasfemia: “pedimos a Europa que no caiga el silencio sobre Asia Bibi”

“En Dios y en la oración”. Responde así a la pregunta de Aleteia – “¿en qué pone hoy su confianza?” – Ashiq Masih, el marido de Asia Bibi, la mujer cristiana pakistaní, arrestada en 2009 con la acusación de haber insultado al profeta Mahoma y condenada en 2010 a la pena capital. Ashiq Masih está hoy en Italia junto a su hija Eisham – una de los cinco hijos de la pareja – y el abogado Joseph Nadeem, para pedir la intervención de la comunidad internacional por la liberación de su mujer.
El 14 de abril intervinieron en una rueda de prensa en la Cámara de los diputados, organizada por el senador Mario Mauro y por el subsecretario de Defensa, Domenico Rossi, junto a la Asociación Pakistaníes cristianos en Italia y la asociación CitizenGO.

El pasado octubre, la condena a muerte por ahorcamiento de Asia Bibi fue confirmada por el Alto Tribunal de Lahore. Está pendiente ahora una apelación ante el Tribunal supremo pakistaní: se trata de la última oportunidad, explica el abogado Nadeem, del largo camino judicial que mantiene en la cárcel a esta mujer desde hace ya cinco años.

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La resolución del recurso está prevista dentro de 12-18 meses, pero por esto es más necesaria que nunca, en esta fase, la presión de la opinión pública internacional y de la Iglesia.

“La voz del Papa es oída en Pakistán y también muy respetada – dijo Ashiq Masih, quien después de la audiencia general del miércoles saludó a Francisco – y a propósito de Europa, afirma que “puede hacer mucho si se empeña”. “En este momento – afirmó el hombre con sencillez – empieza a faltar visibilidad sobre Asia Bibi”.

El drama de la familia Masih comienza con un gesto banal: un vaso de agua ofrecido, un altercado con las demás trabajadoras musulmanas que compartían el trabajo con Asia Bibi, y la acusación de blasfemia.

Lo recuerda la hija Eisham, que entonces tenía 9 años y estaba con su mamá cuando todo sucedió. “Son falsas las acusaciones contra ella – afirmó sin lograr contener las lágrimas al recordar ese día.Pidieron agua y ella se la dio. Después la acusaron de tener las manos impuras”.

El resto es una avalancha que se precipita: “llevaron a mi mamá al campo con muchas personas y nos pegaron. Le dijeron que cambiara de religión con toda su familia, pero ella rehusó. Pidió poder beber un poco de agua pero dijeron que para los cristianos no había agua. En ese punto, mamá me pidió que fuera a llamar a mi padre, pero cuando volvimos ya no estaba”.

“El caso de Asia – explicó Marta Petrosillo, experta en libertad religiosa y moderadora del encuentro en la Cámara – trae a la luz la facilidad con la que se puede ser incriminado por blasfemia en Pakistán. Un delito que, como establecen los puntos B y C del artículo 295 del Código penal paquistaní, más conocido como ley anti-blasfemia, prevé la detención de por vida para quien profana el Corán, y la condena a muerte para quien insulta al profeta Mahoma”.

“Como en el caso de Asia, para ser arrestado por blasfemia es suficiente una acusación, las más de las veces infundada – añade Petrosillo –. Se considera, de hecho, que casi el 95% de las acusaciones son falsas. La norma no prevé la carga de la prueba por parte del acusador, así que es el presunto blasfemo el que debe probar su inocencia“.

A esto se añaden los muchos homicidios extrajudiciales ligados a acusaciones de blasfemia. Muchos presuntos blasfemos han sido asesinados antes de ser arrestados, han sido ajusticiados en la cárcel o incluso asesinados tras haber sido exonerados. Es el caso del gobernador del Punjab, Salmaan Taseer, y del ministro para las minorías Shahbaz Bhatti, asesinados por su compromiso contra la ley sobre blasfemia y por haber intervenido en defensa de Asia Bibi.

Es evidente, por lo demás, que la llamada “ley negra” venga usada particularmente para acosar a las minorías religiosas. Estudios recientes demuestran que, aunque los pertenecientes a las minorías religiosas constituyen menos del 4% de los 190 millones de pakistaníes, a ellos se dirige alrededor del 50% de las acusaciones de blasfemia.

“Es necesario hoy más que nunca – dijo durante la rueda de prensa la presidenta honoraria de la Asociación Pakistaníes cristianos en Italia, Sara Fumagalli – afrontar el tema de la libertad de expresión y de sus límites y de la libertad religiosa. Se debe afirmare con fuerza que no se puede ser encarcelado o asesinado por la propia fe”.

“¿Cuál es hoy la situación de los cristianos en Pakistán?”, preguntaron una vez más los periodistas al marido de Asia Bibi: “El viernes pasado, otro chico fue quemado vivo – respondió mirando a los interlocutores con ojos cansados –, después esa pareja quemada en un horno. Estamos perseguidos”.

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