Jaume Vives: “Los cristianos de Oriente son un verdadero ejemplo de fe”

Hace unas semanas llegó del Líbano, donde visitó campos de refugiados sirios y familias cristianas que huyen de la persecución. Jaume Vives (Barcelona, 1992) estudia Periodismo, pero como él dice, intenta hacer periodismo. A principios de verano empezó a preparar su viaje a Siria, pero por el terror del Estado Islámico, decidió viajar al Líbano, un país que sufre desde hace años las consecuencias de las guerras en Oriente Próximo.

Jaume

¿Qué hacías en el Líbano?

Lo que está ocurriendo en Oriente Medio es algo muy grave y nos afecta a todos. Me preocupa la persecución cristiana y pensé a ver si podía hacer algo. Con unos pocos contactos y reuniendo dinero a través del boca boca, diseñé el viaje a principios de verano. Por un lado, me motiva un aspecto periodístico, porque pienso que en Occidente no se está explicando bien ni la guerra de Siria ni la persecución religiosa. Y también me ha llevado a realizar el viaje el hecho de ser católico. Pensaba que me iría bien conocer estos testimonios de valentía, de amor y de fe. Las consecuencias de la guerra la sufren todos, pero los cristianos más.

Todo un reto para un estudiante de Periodismo…

Así es como entiendo yo el periodismo. Acercarte a una realidad para empaparte de ella, vivirla y contarla. Eso en cuanto al método. En cuanto al objetivo, creo en un periodismo que no se conforme con contar lo que pasa. No me gusta un periodismo que dentro de poco será automatizado por máquinas. El periodismo es más que información, es cambiar los corazones de las personas, un periodismo que cree que hay muchas cosas por mejorar. Una buena forma de ser útil a la sociedad es contando la verdad, explicándola y entendiendo.

¿Qué es lo que más te ha llamado la atención?

Todo. Niños sirios de 5 años vendiendo chicles a los coches que se paran en los semáforos para poder traer algo de dinero a su familia. Edificios con impactos de misiles y disparos que están así desde la última guerra que sufrió el Líbano. Ruido de disparos de fondo porque alguien ha muerto o porque están de celebración. Familias que han marchado de sus casas corriendo y con lo puesto, y cuando digo corriendo quiero decir literalmente corriendo. Pero lo realmente impactante es que todavía no han perdido la sonrisa.

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Aquí en Occidente, en España cuesta ver eso de la sonrisa…

En el Líbano veo a gente es generosa, que se entrega. Recuerdo ir por las calles de Beirut y pedir fuego a un hombre que paseaba un perro. Me acompañaba un amigo que no fumaba. El hombre vio que Sergio, mi amigo, no tenía tabaco y le preguntó si necesitaba un cigarro. Recuerdo también a todas las familias cristianas sirias a las que visité. En todas, a pesar de no tener muchos recursos, siempre me sacaban café turco y algunas pastas. Aquí la gente da, y mucho. En España no suele ser habitual que cuando pides fuego por la calle te lo den con una sonrisa, y lo que ya sería digno de estudio es que alguien además te ofreciera tabaco. Eso es lo que echo de menos en España, no tanto el que te ofrezcan tabaco por la calle como el que te regalen gratuitamente una sonrisa y te traten como a un conocido aun y sin saber quién eres.

¿Cómo viven la fe estas personas?

Hay gente que lo ha perdido todo: familia, negocios, casa, amigos, la vida. Son personas a las que le han destrozado el negocio de toda la vida con el que daban de comer a su familia. Gente a la que sus propios vecinos han echado de casa con lo puesto y luego les han robado todo lo que tenían. Familias muy pobres que han tenido que marchar corriendo de su pueblo porque venían las milicias yihadistas y como no tenían coche tuvieron que dejar a sus abuelos, que no podían caminar, sabiendo cual era el final que les esperaba. Y es gente que tiene todos los motivos para rebelarse contra la principal causa de su sufrimiento y de su persecución, Dios, pero que lejos de coger ese camino deciden abrazarlo. No arrastran su cruz, la abrazan. Al fin y al cabo eso es la fe, confianza, y aquí la gente confía en Dios, aun cuando todo parece ir en su contra y Dios parece haberles abandonado. Aquí en Occidente es rara esta confianza en Dios, porque muchas veces pretendemos con nuestra limitada inteligencia entenderlo todo, y lo que no logramos comprender lo rechazamos. Allí lo que no logran comprender lo aceptan, lo abrazan.

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¿Hay persecución en el Líbano?

No, aquí hay relativa tranquilidad, se vive una “calma tensa”. Este es un país donde hubo una guerra en la se enfrentaron cristianos y musulmanes. Pero ahora no hay persecución. En el downtown, el centro de la ciudad, hay construidas a escasos metros una mezquita sunita, una mezquita chiíta, una catedral maronita, otra latina, etc… Es un ejemplo de convivencia pacífica. Si bien es cierto que los del Estado Islámico están intentando ganarse a los musulmanes sunitas del Líbano todo apunta a que no les será fácil conseguirlo. Hace poco en Arsal, uno de los puntos más calientes del país, los yihadistas secuestraron a muchos militares libaneses. La mayoría eran de religión sunita, aunque también había chiítas y cristianos. Intentaron intercambiar los militares por presos milicianos, pero el Gobierno se negó y ahora los yihadistas usan esto para decir que al Gobierno ignora a los musulmanes sunitas y que por eso no está dispuesto a hacer el intercambio. Pero no parece que este mensaje vaya a calar en el grueso de la población suní.

Háblame de las familias cristianas perseguidas

Estas personas han huido al Líbano y lo han perdido todo. Unas han tenido que huir con sus coches sin poder coger nada de casa salvo lo imprescindible. Otras han tenido que huir por carretera corriendo con lo puesto. Algunas no han podido evitar que al huir sus hijos pasaran por encima de más de 11 cadáveres de vecinos suyos. Todos podrían haberse convertido pero han preferido mantenerse firmes en la fe. Ahora viven de forma muy precaria, sus hijos no pueden estudiar y esperan volver a Siria cuando todo se calme. Y como ya he dicho, lo bonito del asunto es que lejos de enfadarse con Dios, lo abrazan.

Tiene que impactar hablar con estas personas

Estuve con unos, los Kassouha, que huyeron de Siria hace 2 años. Los rebeldes entraron en su casa para secuestrar al padre y sus hermanos. Fueron los propios vecinos musulmanes con los que habían vivido toda la vida los que dieron el chivatazo. Pero consiguieron escapar. Más tarde se reunieron con las mujeres y sus hijos, y vinieron al Líbano. Sin embargo más de 50 miembros cercanos a su familia fueron fusilados o degollados. El padre dice que “en Siria pasará lo mismo que en Jerusalén, los rebeldes están destruyendo todas las iglesias pero Jesús las reconstruirá en 3 días”. Yo aluciné con ellos, cómo me sonreían, cómo confiaban en Dios.

Lo normal es enfadarse…

Quizá tiene algo que ver con lo que me decía el otro día un amigo: “Cuanto menos tienes, más fácil es que estés cerca de Dios”. Muchas de las familias me decían: “Como cristianos de Oriente Medio sabemos que nos toca estar perseguidos, no sabemos por qué, pero sabemos que Dios nos ayudará y que en ningún momento nos ha abandonado”.

¿Se esperaban lo del Estado Islámico?

Ya hace muchos años que los cristianos no son bien recibidos en Irak. En Siria en cambio la situación era radicalmente distinta. Allí había relativa paz y los cristianos, bajo el régimen de Al-Assad, eran libres.Me decía un hombre iraquí: “Marché hace años de Irak a Siria porque mi país no era seguro, hace dos años huí de Siria al Líbano porque allí tampoco estaba seguro y sé que dentro de poco tendré que marchar del Líbano porque aquí tampoco estaremos seguros”. Es padre de 8 hijos y en la billetera tenía solo 50.000 liras libanesas, unos 25 euros, para pasar el resto del mes.

Después del Líbano viene Turquía y Europa…

Son muchos los que creen que dentro de muy poco el Estado Islámico llegará a Europa. “Estáis a escasas 5 horas en avión de nuestros países” -me decía el portero de la residencia en la que me hospedaba- “aunque a muchos ya los tenéis en vuestros países”. Existe una idea generalizada de que pronto llegarán a Europa, y no son pocos los libaneses con miedo a que entren en breves en su país.

Pues qué bien…

Es que la esperanza no evita que la gente haga un análisis realista de la situación. No han perdido la esperanza, ni han caído en la desesperación, tampoco saben cuáles son los planes de Dios para sus vidas, pero humanamente hablando saben que si todo sigue igual este es el camino que les espera.

¿Con qué te quedas del viaje como estudiante de periodismo?

Este viaje me ha enseñado que para llevar a cabo un trabajo periodístico de este tipo, en un país lejano, con otras costumbres, con la dificultad del idioma, con la dificultad de conseguir contactos…, es clave apoyarse en un buen equipo de gente. Yo no fui solo porque me hubiera hundido. Necesitas o ir con gente, o saber que podrás contar con dos o tres personas ahí. Piensa que el tiempo se te echa encima, hay que estar bien organizados, intentar estar acompañado, pedir opinión y consejo…

¿Cómo te documentaste?

Por un lado usé internet para conocer la historia, la cultura, una idea general del país. Además hablé con sirios que viven en Barcelona, que te explican su versión de la guerra civil y de la persecución, que no tiene nada que ver con la versión oficial, la de los medios de comunicación. Y por último leí varios libros como Hombres de Lluvia, de Maruja Torres, libros sobre persecución religiosa…

Cómo católico, ¿qué es lo que más te ha marcado?

Ya lo he dicho varias veces… Los cristianos de Oriente son un verdadero ejemplo de fe. Aquí no confiamos en Dios. A la mínima que algo no sale como esperábamos, nos enfadamos con el cielo. Lo que más he aprendido es que la cruz no arrastra, se abraza.

Pero aquí también hay fe…

Ya, pero mucho menos, no sé… Hablé con cristianos de mi edad exiliados que lo han perdido todo y tienen más esperanza que yo, que no me falta de nada. Me he dado cuenta que nos preocupamos por mil cosas que o no son tan importantes o no dependen de nosotros. Hay que fiarse más de Dios.

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