Solo aquellos que caminan en tinieblas ven algún día las estrellas… (Quinta y ultima parte)

¿Qué significa para un misionero estar en la misión de Siria hoy?.

En muchas circunstancias la gente nos ha preguntado, por qué están en esa misión, por qué van allí? La misma gente local nos dice: ‘qué los mueve a venir aquí? Muchos de nosotros quisiéramos irnos. Su Congregación tiene misiones en muchas partes del mundo, podrían estar en cualquiera de ellas, por qué aquí y ahora, en este tiempo de guerra?’.

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Entre las muchas cosas que significa para un religioso extranjero ser misionero en Siria hoy, escogemos solamente algunas:

Para nosotros estar en esta misión significa:

-Una elección libre: nadie nos lo impone, muy por el contrario. Muchas veces nuestros superiores religiosos nos piden que les confirmemos nuestro deseo de permanecer en estos lugares, porque si así no fuera, si tuviéramos algún motivo por el que nos parece que deberíamos dejar esta misión, ellos estarían dispuestos a darnos un nuevo destino misionero. Por lo tanto tenemos el privilegio de estar en el lugar que nosotros deseamos, donde hemos pedido ir.

-Un don de Dios: tenemos la gracia de servir con nuestra consagración a Dios, a aquellos que Dios ha escogido para que compartan de un modo muy especial y muy palpable la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo. Podríamos decir que ellos son “los miembros de honor de la Iglesia”, les toca sufrir a causa de su fe, y nosotros tenemos la dicha de estar cerca de ellos, de acompañarlos.

-La posibilidad de vivir nuestra consagración a Dios de un modo más pleno: si bien este es un ideal que puede concretarse en cualquier misión y en cualquier circunstancia, también es verdad que aquí estamos como más impelidos por las circunstancias. El solo hecho de tener más presente el pensamiento de que cualquier día puede ser el último de nuestra vida (pensamiento que cada día y en cualquier lugar deberíamos recordar) ya es una ayuda para ello.

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-Significa también experimentar la impotencia: ante el dolor profundo del prójimo, ante la injusticia y la violencia que a veces parecen todopoderosas, ante la posibilidad de tan solo escuchar sin poder remediar los sufrimientos, las pérdidas, los desconsuelos.

-Significa compartir con ellos las experiencias cotidianas:

Las tensiones: ante las situaciones de todos los días: enfrentamientos, tiroteos, noticias de violencia

La incertidumbre: a causa de la inestabilidad y la inseguridad

Los riesgos: pues la gente vive continuamente expuesta a diversos peligros

Las separaciones y despedidas: ya que los que tienen posibilidad de salir del país, intentan hacerlo. La comunidad de fieles se ha visto reducida en los últimos dos años.

La alegría de las cosas sencillas: aprender con ellos a alegrarse de las cosas más simples, porque hemos experimentado lo que significa carecer de ellas. Por ejemplo nos sorprendemos a nosotros mismos festejando porque hoy hemos tenido tres horas de electricidad, o porque dos veces en la semana hubo agua.

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-Experimentar de un modo muy cercano las palabras del Evangelio:

Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo (Mt 28,20)

Por último, significa también –personalmente- un deber: nosotros como consagrados anhelamos estar al lado -incluso materialmente- de las almas que sufren, para poder brindarles una palabra de consuelo, o aunque más no sea, la compañía de alguien que comprende su dolor y que, simplemente, quiere estar a su lado. Entendemos que esa es la misión de la Iglesia en estas tierras: estar al lado de sus hijos que sufren, brindarles consuelo, compañía, el alivio del afecto y la cercanía maternal; mostrar de algún modo el rostro maternal de Dios que no olvida a ninguno de sus hijos, hasta el punto de decir «¿Puede una madre olvidarse de su criatura, dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré» (Is 49,15). Entendimos, al venir a esta misión, que debíamos mostrar el rostro materno de la Iglesia como expresión del amor de Dios por todos los hombres.

La Santísima Virgen nos ayude a estar –como Ella lo hizo- al lado de sus hijos, compartiendo su dolor, sosteniéndolos en su cruz, alentando en ellos la esperanza de que solo aquellos que caminan en tinieblas ven algún día las estrellas.

Misioneros en Alepo

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