Solo aquellos que caminan en tinieblas ven algún día las estrellas (Cuarta Parte)

Jóvenes “que no se conceden el derecho a resignarse hasta haber quemado el último cartucho”

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-La santidad es confesar nuestra fe en Jesucristo aun a costa de nuestra propia vida. Si tengo enfrente un hombre armado que quiere matarme a menos que yo diga “no soy cristiana” y yo sin embargo digo: “soy cristiana, creo en Jesucristo aunque pierda esta vida”, entonces puedo decir que busco la santidad.

-La santidad es vivir la vida de gracia en plenitud. Luchar no solo contra el pecado mortal, sino también contra el pecado venial y tratar de vivir del modo más parecido posible a Jesús.

-La santidad también es saber entregar la vida por predicar el Evangelio a los demás, como hizo el Apóstol san Pablo, por ejemplo, y como hicieron también los demás apóstoles, los santos misioneros…: renunciaron a todo para dedicarse a predicar el Evangelio, para que todos los hombres, conociendo a Jesucristo puedan salvarse.

Esas fueron las respuestas de algunos jóvenes que concurren a la catedral del Niño Jesús, en Alepo, ante la pregunta: Que es la santidad.

Muchas veces hemos referido lo asombroso del ánimo y de la fortaleza que ellos muestran ante las dificultades que les toca vivir actualmente en su país. En estos días han regresado las jóvenes universitarias que residen durante el año en el pensionado de la catedral, a fin de concretar sus estudios. Viajan desde poblaciones distantes de Alepo. En tiempos normales bastaba dos, tres, cinco horas para recorrer el camino. Ahora debido a los riesgos del camino, se recorren distancias que significan 10, 12 horas de viaje. Muchas de las jóvenes deben viajar en avión. Actualmente solo es posible realizar vuelos internos en aviones militares que cuentan con 10 lugares por vuelo para civiles; por lo cual no es fácil encontrar un lugar para viajar, ni viajar cuando uno lo tenía previsto. Algunas de ellas se incorporan tarde a la universidad por la dificultad que encuentran en concretar el viaje y luego deben redoblar sus esfuerzos para ponerse al día con los estudios.
Las jóvenes parten de sus casas para no regresar por un año, por varias razones: los peligros del camino, los costos de los viajes son elevados y ellas no cuentan con muchos recursos. Por tanto pasan en el pensionado, incluso la fiesta de Navidad, lejos de sus familiares.

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Superadas las dificultades del viaje y llegadas a Alepo, deben enfrentar también los obstáculos para comunicarse telefónicamente o vía e-mail con sus familias. Sucede que por semanas enteras, o meses no hay línea telefónica, ni tampoco servicio de internet. Por eso se viven situaciones de mucha tensión cuando se oyen noticias de enfrentamientos armados en los pueblos y no hay modo de comunicarse con los familiares para saber cómo están.
También es sacrificado estudiar sin luz. En el mejor de los casos solo contamos con dos horas de electricidad por día, no son en un horario fijo. Y es duro después de una jornada fuera de casa, con clases y actividades, retornar al pensionado, descansar un momento y retomar el estudio a la luz de una pequeña lamparita: con el cansancio del día, con la incertidumbre de la situación de sus familiares y con las tensiones propias de la vida cotidiana en un lugar que vive en guerra. Habitualmente estudian oyendo un trasfondo de tiroteos, explosiones, sirenas de ambulancias y policía…

Realmente los jóvenes que actualmente quieren estudiar y concluir una carrera en este país, deben tener muy grande ánimo y una voluntad decidida y férrea.

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Cuánto nos hacen reflexionar estos ejemplos! Cuánta fuerza adquieren aquellas palabras que respondían a la pregunta: que es la santidad cuando son confirmadas por estos testimonios de vida. Quizás nosotros tenemos –o tuvimos- la posibilidad de concretar nuestros estudios y nuestros proyectos de vida en condiciones muy diferentes, en que las cosas resultaban más accesibles y nos somos agradecidos con Dios por lo que recibimos tan gratuitamente. Y hasta quizás nos quejamos por pequeñas dificultades y no nos preocupamos en aprovechar al máximo las posibilidades que tenemos.

Cuando vemos jóvenes que a pesar de tantas dificultades tienen esperanza en el alma, que no se sienten cansados ni agotados por prematuros desengaños, que ven el mal, pero no se detienen en él. Que nunca dicen: no se puede hacer nada, el mundo está muy malo, todo está perdido. Sino que aspiran siempre a subir más y más alto, jóvenes que con esfuerzo, valor, sacrificio y –llegado el caso- con heroísmo quieren darse a su deber, a sus familias, a su Patria, a su Dios, jóvenes que no temen la lluvia ni el sol, que no se quejan, que no se dejan caer impotentes en un sillón, desalentados…

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Comprendemos entonces que son jóvenes con un ideal. Jóvenes –como decía el p. san Alberto Hurtado- “que no se conceden el derecho a resignarse hasta haber quemado el último cartucho”. Jóvenes que intentan vivir con coherencia su ideal de santidad en medio de las situaciones concretas que les ha tocado vivir.
Tienen esperanza en el alma… y el brillo de esa esperanza nos hace vislumbrar desde ahora la luz de aquellas estrellas que ven algún día solo aquellos que caminas en tinieblas.

Misioneros en Alepo

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