Solo aquellos que caminan en tinieblas ven algún día las estrellas (Tercera Parte)

Otra de las cosas terribles que la Guerra impone a los seres humanos es la espantosa realidad de la separación, especialmente de la separación de los seres más queridos: padres, hijos, hermanos, amigos. .. Tanto más doloroso cuando el motivo es tratar de salvar sus vidas, quedando los demás expuestos de modo permanente al riesgo de perderla. Los que permanecen aquí, se quedan -entre otras cosas- para cuidar su propia casa, el único tesoro material que poseen en sus vidas.

sira

“Que podemos hacer aquí? Que ofrecemos a nuestros hijos? Nuestro barrio está bien, solo caen “Hjauheen” (son proyectiles de menor alcance, y dicen que el barrio está muy bien, comparándolo a otras zonas en que los ataques son más intensos y con armamentos más sofisticados).

“No queremos abandonar nuestra patria. La amamos. Aquí hemos nacido y crecido. Pero yo no tengo trabajo. Mis hijos corren peligro de muerte a cada momento. ¿Qué podemos hacer?

Dejar el país no es una empresa fácil. Las tramitaciones de la documentación son prolongadas e inciertas. Difícilmente se consiguen documentos para todos los miembros de la familia.
La frontera está poblada de familias que intentan salir del país y ante una primera negativa, permanecen allí con niños, con equipaje a la intemperie… para volver a intentar: un día, y otro, y otro…Al punto que por tiempos, se cierra los caminos que conducen a la frontera para intentar que el borde se despeje de tanta gente que allí espera poder salir.

Otros intentan salir en embarcaciones poco seguras, pereciendo muchos de ellos en medio del mar.

No es fácil dejarlo todo. Y aun en el caso en que lograran salir, la vida en otro país, el volver a empezar, y muchas veces solo… es una realidad muy dura. Hay quienes nos han contado las dificultades que se encuentran en el exterior, por el hecho de ser sirios. La acogida, no es siempre como la que espera una persona que deja su país en guerra para tratar de salvar la vida y ayudar s los suyos, como decía el Papa Francisco: “cuantas veces se ven obligados a vivir situaciones adversas, en ocasiones con un trato denigrante, ¡y sin la posibilidad de iniciar una vida digna ni de pensar en un nuevo futuro!”.

Hay quienes sin tener posibilidad de emigrar –o aun teniéndola-, deciden permanecer en su patria expuestos a perderlo todo, incluso la propia vida.

Personas que han tenido que trasladarse a lugares donde reciben refugiados porque perdieron sus casas o porque sus casas están ubicadas en lugares peligrosos, quedando en medio de continuos enfrentamientos o siendo blanco del impacto de proyectiles de diversos tipos.

Jóvenes que a determinada edad tienen que ponerse al servicio del país, entrando a formar parte del ejército: deben partir de su casa, olvidar sus proyectos de vida y vestidos de uniforme aprender a empuñar las armas.

Padres de familia que perdieron sus trabajos: “mi esposo tenía una fábrica textil, de un día para otro desapareció, destruida por los bombardeos: más de 500 empleados quedaron sin trabajo, todas las maquinas destrozadas, el edificio derrumbado, sin nada que nos permita recomenzar”.

“Yo trabajaba en un restaurant, con mucho sacrificio habíamos logrado hacerlo junto a mi hermano. Trabajamos mucho. En un instante quedo todo reducido a la nada y yo vivo aquí, asilado en la casa de las misioneras de la Caridad que me recibieron”.

Niños, que a causa del miedo no pueden conciliar el sueño y desde muy temprana edad tienen que recurrir a la medicación para poder dormir.

Las personas que sufren son para nosotros maestros privilegiados de nuestro conocimiento de Dios, con su fragilidad y su sencillez nos descubre nuestros egoísmos, y nos guían a la experiencia de la misericordia de Dios.

Sus experiencias dolorosas nos interpelan fuertemente: ¿estamos haciendo algo por el prójimo que sufre? Quizás no tenemos a nuestro lado personas refugiadas a causa de la guerra, pero si hay hermanos que nos necesitan. Como decía el Papa: “¿me inclino a ayudar a quienes están en dificultad, o tengo miedo de ensuciarme las manos? Estoy dispuesto a servir a los demás como Cristo que vino a servir hasta dar su propia vida?

La misericordia de Dios es a menudo otra de las luces que vislumbran aquellos que caminan en tinieblas, cuando vean algún día las estrellas. Y también cada uno puede valerse de esa experiencia de ellos, y –a través de su oscuridad- ver junto con ellos las estrellas en nuestra vida.

Misioneros en Alepo

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