La cruz traspasa todas las fronteras

La fiesta de la Exaltación de la Cruz, tuvo para nosotros la impronta de ser vivida esta vez en medio de un pueblo crucificado.

Hay que decir que muchos de ellos viven a cierta distancia de la catedral, que salir de casa en las condiciones que aquí se vive, siempre representa un riesgo. Que muchos de ellos han perdido con la guerra: trabajo, casa salud, seres queridos… o sea, tienen experiencia viva y real de la presencia de la cruz en sus vidas.

La respuesta de los fieles a la invitación de participar en la fiesta fue sorprendente. Acudieron a misa ese domingo en mayor número de lo habitual. Tomaron ellos la iniciativa de traer cosas para hacer un pequeño festejo después de la misa.

La misa solemne, seguida de una procesión con la reliquia de la Santa Cruz y la posterior veneración por parte de los fieles. Finalmente los festejos: proyectamos varios videos de las misiones de la familia religiosa que causó un gran impacto y numerosas preguntas.

Incondicional fue la disponibilidad de todos para ayudar en los trabajos de la liturgia y de la fiesta: quién traducía la historia de la Cruz de Matará, quién tipiaba en árabe el folleto de presentación de la familia religiosa, quién escribía las preces y hasta quien pintó la Cruz de Matará.

Inefables fueron los momentos de gozo profundo compartidos en los festejos: familias completas reunidas conversando, niños jugando, una serenidad y un espíritu de familia. Los había reunido la fiesta de la Cruz, podríamos decir que era esta su propia fiesta.

Habíamos querido celebrar con ellos la Exaltación de la Cruz y darles a conocer la Cruz de Matará; habíamos querido regalarles un momento de alegría en medio de las dificultades de sus días, y ellos se alegraron con nosotros, compartieron nuestra fiesta, trabajaron para ella junto con nosotros. Nos enseñaron con su actitud que el dolor vivido con amor puede transformarse en un sacrificio gozoso, que el dolor tiene sentido cuando es ofrecido por el bien de otros.

Una vez más hemos sido testigos de que la Cruz sigue atrayendo a las almas con la misma fuerza de siempre desde el aquel Viernes Santo en el Calvario; desde hace más de 500 años en Matará; hoy, desde Alepo…La cruz traspasa todas las fronteras. Siempre y desde cada confín del mundo Ella sigue siendo el faro y el centro de atracción, la insignia del cristiano y el punto de encuentro de las almas porque en ella reposa Aquel que dijo: “cuando sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia Mí” (Jn 12,32).

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