“¿Mamá, regresaron las palomas?”

La guerra es una espantosa agonía. Y los niños, por ser los más vulnerables, la sufren de modo particular.

Nos contaba apenada una maestra que en los recreos los niños no hablan de otra cosa: “Mi mamá no pudo lavarnos la ropa porque no teníamos agua. Por eso no vine a la escuela”… “En mi barrio no tenemos luz desde hace dos semanas”… “Ayer cayó un misil en la casa de mi vecino y hubo muchos muertos. Yo los vi desde el balcón”… No son temas de conversación apropiados para estos pequeños, pero es lo que respiran desde hace 3 años.

08

Han olvidado las carreritas en la plaza y los juegos en el patio; compiten adivinando qué armas están disparando durante los bombardeos; y ya no coleccionan figuritas, juntan balas. Al caer la tarde,

la oscuridad interrumpe bruscamente sus juegos y la falta de electricidad los obliga a ir a la cama muy temprano. Sobresaltados por las explosiones y presas de un continuo temor tardan en conciliar el sueño. Y, aunque ya son grandes para eso, solo se duermen tranquilos si están bien amarrados a los brazos de su madre.

Y ¿qué decir de los niños que están durmiendo bajo un alero en la vereda porque han perdido su casa? O que van de pariente en pariente porque han perdido a sus padres? En muchos de ellos la guerra dejará secuelas y cicatrices morales irreparables.

Así y todo es curioso -y casi milagroso- que todavía quieran sonreír. Tienen algo especial que brilla en sus ojos y los hace asemejarse a los ángeles. Es la luz de la fe que, aun en germen, ya promete tener la fuerza y el temple de este pueblo mártir.

Sucedió que cayó un misil en el edificio donde vive una familia que tiene 3 niños, episodio que se repite todos los días en los barrios cristianos. Ninguno resultó herido. Temblando todavía se pusieron a limpiar y a juntar escombros. El más pequeño susurraba bajito mientras barría los vidrios: “¡Gracias a Dios! ¡Gracias a Dios!”.

 

Una niña de 6 años fue alcanzada por una bala perdida mientras jugaba en su casa. El proyectil atravesó la ventana y fue a darle en el brazo, quebrándole el codo. Por diferencia de unos pocos centímetros no dio en sus órganos vitales. La asistieron y enyesaron. Su mamá, buscando consolarla en sus dolores le dijo: “¿Has visto cómo Jesús te protegió? No fue nada. La bala solo te quebró el codo”. La niña respondió con radiante convicción: “Ya sé mamá que Jesús me protegió. Fue él quien atajó la bala. ¡Por eso tiene un agujero en la mano!”.

En un centro pastoral rezaron por la paz con un grupo de niños, y como signo soltaron dos palomas, augurando que volarían hacia el Cielo y traerían de vuelta la tan ansiada paz para Alepo… Desde entonces uno de los niños cada mañana se despierta con la pregunta: “¿Mamá, regresaron las palomas?”. Y con el pasar de los días la sigue repitiendo apenado pero con incansable esperanza: “¿Estás segura mamá de que no han vuelto?”.

Volverán las palomas trayendo la paz. ¡Y los niños las verán!

Misioneros en Alepo

2 pensamientos en ““¿Mamá, regresaron las palomas?”

  1. Pingback: “¿Mamá, regresaron las palomas?” - Misiones Instituto del Verbo Encarnado

  2. Dios proteja a los niños…almas puras e indefensas, ojala encuentren la paz, que haya paz en esos lugares….que su infancia no se pierda entre balas, sangre y dolor!!!.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s