De nuevo en Siria

Queridos todos:

Perdón por nuestro retraso en escribirles. Gracias a todos por sus mensajes y saludos. Y sobre todo por sus oraciones. Hemos aprovechado mucho este tiempo de descanso rodeados de nuestros seres queridos y amigos y ahora nos encontramos de nuevo en nuestra querida misión de Alepo.

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Paisaje de Damasco a Siria

Después de haber vivido dos años tan “agitados”, fue raro poder gozar de nuevo de tanta tranquilidad! Viviendo en la guerra a uno le llega a parecer que no hay rincón de la tierra que escape al bombardeo diario y que esté libre del miedo y el peligro. Y por eso al salir resulta extraño poder dormir toda la noche “de un tirón”, sin la interrupción constante de cañonazos… Ver andar a la gente por la calle: paseando, conversando y deteniéndose sin apuro a mirar vidrieras! Poder sentarse a tomar unos mates al aire libre… Y que haya electricidad tantas horas… ¡las 24 horas!

También parece increíble que hayamos podido salir.

Alepo sufría ya dos años de asfixia sitiada por los terroristas. Acercándonos a fin de año el ejército logró liberar algunas rutas y mucha gente se arriesgó a salir de la ciudad intentando escapar de esta pesadilla. Había quienes lograban llegar a la frontera, y había quienes no…
En los primeros meses de este año, la situación se fue calmando y supimos de varias familias de la catedral que habían logrado viajar, recorriendo un camino medianamente seguro que llevaba al aeropuerto de Damasco. Por lo que también en nosotros fue madurando la idea de salir por un tiempo para recuperar fuerzas…

El primer paso fue tramitar los permisos para viajar (sin los cuales los extranjeros no podemos salir ni volver a entrar al país). Para ello nos llegamos a la oficina de pasaportes: un edificio imponente por su altura, con vestigios de haber sido elegante y moderno, pero que ya no tenía un vidrio sano. Dañado y bombardeado había pasado a ser parte del uniforme y sombrío paisaje de esta guerra.
Todas las oficinas funcionan en planta baja, la parte más segura del edificio, por lo que el amontonamiento era insoportable. ¡Parecía que medio Alepo estaba allí haciendo trámites! En el mundo árabe hay que tener mucha paciencia al momento de tener que hacer papeles, pero aquí se suma el factor de la guerra que hace todo más caótico e interminable. Después de muchas idas y venidas, imposibles de describir en estas líneas, obtuvimos nuestros permisos, y aunque tuvimos que esperar todavía para poder salir del edificio –porque afuera estaban en pleno bombardeo- ya teníamos los papeles en mano.

Todo estaba ya previsto para el viaje. Llegamos muy temprano en la mañana a la improvisada estación y abordamos el autobús. El parabrisas completamente trisado con un vistoso agujero de bala delataba haber sido testigo de un intenso tiroteo… ¡No era muy alentador el panorama!

CONTINUARÁ….

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