Siria y los nuevos mártires cristianos

Es de esperar que el llamado del papa Francisco encuentre eco frente a las atrocidades de la guerra civil que se libra en el territorio sirio.

Desde que se inició la insurrección contra el gobierno de Bashar Al Assad, que derivó en una cruenta guerra civil que continúa hasta hoy, han perdido la vida más de 150.000 personas, al tiempo que cientos de miles de refugiados han escapado fuera de las fronteras de Siria.

Entre los integrantes de la rebelión, cada día cobran más fuerza las facciones del fundamentalismo islámico que proclaman una presunta “guerra santa”. Ellas se han ensañado contra las poblaciones cristianas, cuya presencia en Siria se remonta a milenios, con el Apóstol Bernabé, Pablo de Tarso y San Ignacio de Antioquia, obispo y mártir. Desde la destrucción de iglesias, como la de San Sarkis, en la localidad de Sadad, hasta las recientes matanzas de civiles indefensos en Malula o Abra, los hechos más atroces han dado la vuelta al mundo mostrando el sadismo y la brutalidad desplegados contra víctimas civiles por el único hecho de profesar la fe cristiana. Ha habido degüellos, asesinatos de ancianos, niños y mujeres embarazadas, y hasta crucifixiones por negarse a abjurar de su fe y no renunciar a sus creencias y aceptar su conversión al Islam.

La Iglesia Ortodoxa de Antioquia o Siriana, que conduce su patriarca Ignacio Aphrem il Karim, ha venido denunciando la persecución y el martirio de sus fieles y compatriotas. El año pasado, en una ceremonia concelebrada en Roma, el papa Francisco convocó a una jornada mundial de ayuno y oración por la paz en Siria junto a dignatarios de múltiples confesiones, incluida la musulmana. Ahora, el Santo Padre, en su reciente visita a Tierra Santa, ha clamado por paz en Siria. Incluso convocó para el próximo 6 de junio, en Roma, a las autoridades de Israel y Palestina a un encuentro por la concordia y un futuro de paz

Que en nombre de una fe religiosa o de una ideología sacralizada se cometan atrocidades no es una novedad en el mundo. La historia nos abruma con ejemplos en los que se han realizado matanzas en nombre de Dios.

Las víctimas de las persecuciones en Siria son los nuevos mártires cristianos del siglo XXI, herederos de San Pablo y San Ignacio de Antioquia, ante los ojos de un mundo indiferente ante la atrocidad. Es de esperar que el oportuno llamado del papa Francisco sea escuchado y se encuentre pronto un final para el atroz conflicto que baña de sangre a Siria.

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