¿Quieres que así participe de tu Pasión?

Queridos Todos:

Hoy estuvimos nuevamente en el hospital visitando a Rami, el joven que fue secuestrado. Se alegró mucho cuando le hicimos saber que todos ustedes lo han estado acompañando con sus oraciones y siguen rezando por él. Nos contó detalles de lo que vivió en esos terribles días; el curso de sus emociones y el auxilio divino que no lo abandonó en ningún momento. Fue edificante para nosotros escucharlo, y por eso queremos compartirlo con todos ustedes. No es que el hecho del secuestro sea algo atípico ahora en Alepo, al contrario, con el comienzo de la guerra se tornó en un flagelo cada vez más frecuente y, todos los días escuchamos nuevos casos, pero las circunstancias que rodearon la historia de Rami fueron del todo extraordinarias.

 Rami con p Rodrigo en el Hospital (Rami siempre sonriendo!)

Rami con p Rodrigo en el Hospital (Rami siempre sonriendo!)

El lunes de mañana se dirigió a su trabajo (venta de partes de auto) como hacía habitualmente; aun en estos momentos en que el trabajo escasea por la guerra y crisis social-económica. Era 11 de febrero, día de la Virgen de Lourdes, día mundial del enfermo, y coincidía con el comienzo de la cuaresma (“lunes de ceniza” aquí en Siria). Siendo él tan devoto de la Santísima Virgen y asiduo en practicar el ayuno, estaba particularmente contento ese día. Había concertado con uno de sus más antiguos clientes para ir a ver un auto viejo y tasarlo para la venta. Fueron hasta el garaje, ubicado en un barrio kurdo, alejado de la ciudad, y de difícil acceso debido a los enfrentamientos. Una vez en el lugar se presentaron un par de hombres armados y Rami cayó en la cuenta de que eran cómplices de este cliente que le había tendido una trampa para secuestrarlo. Intentó deshacerse golpeando a uno de ellos y este le disparó, rozándole la bala su cabeza.  Lo encerraron en el baúl del auto atado y amordazado. Allí estuvo unas 3 horas. “Todo ese tiempo no hice más que rezar –cuenta Rami-, pensaba que habría llegado mi hora. Pero estaba preparado, el día anterior me había confesado para disponerme a empezar la cuaresma”. Lo sacaron de allí y con los ojos vendados lo condujeron al 2do piso de un edificio, lo ataron a una silla y lo encerraron en un estrecho retrete. Allí estuvo las 24 horas siguientes…

02 Rami recibiendo la comunion

02 Rami recibiendo la comunion

Él les rogaba que avisaran a su familia, pero los secuestradores le dijeron que no lo harían hasta pasados 10 o 15 días, para aumentar la angustia de sus padres y así pedir más alto rescate a cambio de su vida. Más aun, le revelaron fríamente que una vez obtenido el dinero lo asesinarían, porque al conocerlos personalmente podía después denunciarlos.

“Fueron los dos días más espantosos de mi vida –sigue Rami- pero yo sabía que Dios no me abandonaba. Lo tomé como una oportunidad de reparar por mis pecados. ‘Jesús, hoy empieza la cuaresma ¿quieres que así participe de tu Pasión? Lo acepto. Te ofrezco todos estos sufrimientos para unirme a los Tuyos’. Así rezaba hora tras hora y sabía que había muchos haciendo lo mismo por mí y eso me daba fuerzas… En algunos momentos me abrumaban negros pensamientos: ‘¿Por qué Dios permite todo esto? ¿Me va a dejar morir así?’. Y me sentía tentado de desesperar y de maldecir a Dios por mi suerte. Entonces otra vez volvía a hacer mi ofrecimiento: ‘Por mis pecados, y para unirme a tu Pasión’…”.

03 Rami recibiendo la comunion

03 Rami recibiendo la comunion

Con dificultad respiraba, porque tenía cubierta la cabeza y estaba amordazado. Le habían atado las manos detrás de la espalda con una cadena. Le sangraban las muñecas y tenía los brazos hinchados. Lloraba por el dolor.

“Esperaba de Dios el milagro, y sabía que lo haría! ¿Me encontrarían mis padres? ¿Me auxiliaría algún vecino? No lo sabía. Pero estaba absolutamente seguro de que Dios me libraría… Invocaba a la Virgen una y otra vez con la oración “Bajo tu amparo”, y rezaba el rosario. Sabía que ella me acompañaba. Pero sobre todo sentía un particular auxilio del Arcángel San Miguel y rezaba la oración que hacemos todos los días al final de la Santa Misa: ‘San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla -y esta era mi batalla!-, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanza del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes. Y tú, príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el divino poder a satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas’. La recé cientos de veces. Y él me dio la fuerza para hacer lo que hice después…”.

04 Rami y p Rodrigo y H Guadalupe

04 Rami y p Rodrigo y H Guadalupe

A la mañana siguiente rogó a los secuestradores le ataran las manos hacia adelante para aliviarse un poco. Y accedieron. Pudo llegar a ver que había luz natural que venía de alguna ventana que daría a la calle. Pasado el mediodía, ya exhausto por el ayuno, la falta de sueño, pero sobre todo, por la horrenda situación que estaba viviendo, se le ocurrió valerse del dolor de cabeza, y se puso a gritar para que le trajeran algún remedio que lo aliviara. El que lo cuidaba, cansado de escucharlo, subió al piso de arriba a buscar algo para darle. Rami aprovechó la oportunidad y rompió las ataduras de los pies y de la silla, aunque no pudo con la de las muñecas. “No sé cómo lo hice, era humanamente imposible desanudar eso sin siquiera ayuda de las manos que seguían atadas, creo que ciertamente me asistía una fuerza sobrenatural… Me libré y corrí hacia el balcón de la habitación. Una vez fuera grité a las personas que estaban en la calle: ‘Ayuda! Estoy secuestrado’. Pero creyeron que deliraba. Al escuchar los gritos se asomó desde el balcón de arriba el que había ido a buscar la medicina y simulando que lo mío era solo locura me dijo en voz alta para que los de la calle escucharan: ‘tranquilo, Rami, no pasa nada, ya voy a ayudarte’. Y se dispuso a bajar. Entonces fue cuando me encomendé a San Miguel, trepé como pude la baranda y me tiré a la calle desde ese segundo piso…”.

El impacto de la caída le quebró la cadera y la pelvis en 6 partes. Inmediatamente las personas que estaban alrededor llamaron a la “policía” kurda que controla ese barrio y se lo llevaron. “El dolor era impresionante, pero yo me sentía feliz, porque Dios me había hecho el milagro y finalmente era libre. Semejante caída desde esa altura y con las manos atadas podría haberme provocado la muerte, pero San Miguel me protegió”. Eran las 13 horas. Lo tuvieron detenido hasta que se aseguraron que su historia fuera verdadera y finalmente a las 20 horas se comunicaron con su familia. Todavía les llevó a sus padres dos horas más encontrar las personas adecuadas que pudieran entrar al barrio a esas horas de la noche. Finalmente a las 22.30 era ingresado a terapia intensiva en el hospital.

Una historia singular. ¡Una historia de fe! Rami es un tipo normal, con sus altos y sus bajos; de amigos y vida social. Cuando tenía 16 años, entró con sus amigos a una Iglesia por curiosidad y, al encontrarla vacía, se conmovió a tal punto que le prometió a Cristo acompañarlo todos los días. Desde entonces frecuenta misa diaria. ¡Tiene ahora 35! Es además, de confesión frecuente y no se separa del rosario, que reza más de una vez al día. Ha sufrido muy grandes adversidades en este tiempo a causa de la guerra y ni siquiera este último episodio ha quebrantado su fe, sino que por el contrario la ha fortalecido. Sigue dando gracias a Dios, reconociendo Su mano paternal que milagrosamente continúa sosteniéndolo. Y en el hospital, en medio de sus terribles dolores, sigue sonriendo.

Padres y Hermanas, Misioneros en Alepo

Alepo, 16 de febrero de 2013

 

Un pensamiento en “¿Quieres que así participe de tu Pasión?

  1. Hermosa historia de Vida que me enseña que solo aferrándose a Dios y a la Virgen uno puede salir adelante y no tener miedo nunca por que con fe uno todo lo puede lograr espero que Ramy se mejore y este acompañando cumpliendo con lo que le prometió a Nuestro Señor una sierva descarriada de Villa Alemana Chile

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