El próximo podría ser yo

Alepo, 19 de noviembre de 2012

En estos días se escuchan historias espeluznantes. Cuando la muerte golpea tan cerca caemos en la cuenta de que no podemos evadirnos de ella. De uno u otro modo todos adolecemos de esa falta de conciencia hasta que alguna circunstancia que parece fortuita nos sacude. Entonces la conclusión es inevitable: “el próximo podría ser yo!”.

Una joven de unos 30 años hablaba por teléfono en el balcón de su casa en un barrio cristiano de Alepo. Estaba a 3 días de celebrar su boda, después de 10 años de compromiso. Mientras hablaba entretenida una bala perdida le atravesó las sienes…

Estaría ultimando quizá los preparativos de su matrimonio, arreglando hasta los mínimos detalles para que todo saliera perfecto. Con qué ansias contaría las pocas horas que la separaban de aquel día! Pero ese día nunca llegó.

Diariamente se agolpa mucha gente a las puertas de las panaderías. La situación de peligro no exime de tener que comer, y el pan es uno de los alimentos más accesibles aquí, ya que es subvencionado. El panadero va pasando el pedido a través de una pequeña ventana del horno que da a la calle. Esa mañana una mujer como tantas otras esperaba su turno haciendo fila en la vereda por varias horas. Pero solo sobre ella cayó una bala perdida que entró por el hombro y salió por la cadera atravesándole el corazón… 

Tal vez estaría repasando impaciente cuántas cosas tenía todavía para hacer en su casa. Pensaría en sus hijos que la esperaban para comer, o en su marido con el que debía quizá reconciliarse. Pero nunca volvió.

Y entonces el desenlace es inevitable: “el próximo podría ser yo!”. ¿Estoy preparado? Me preocupan muchas cosas, y me afano infatigablemente por ellas: el trabajo, el bienestar, el estudio, el futuro, la amistad, el amor… Pero ¿qué me llevaré de todo eso? Y mientras tanto, descuido mi salud espiritual, no me decido a arrancar de mi vida ese vicio o a alejarme de esa mala compañía. Y se enfría mi relación con Dios ahogada en el torbellino desenfrenado del “ahora”. ¿Por qué dilato lo que debo hacer pensando ingenuamente “todavía queda tiempo”?

La joven no llegó a casarse. Ni la mujer volvió a su casa. El próximo podría ser yo.

En este sentido los cristianos sirios nos dan un testimonio aleccionador. Con simplicidad comprenden que a Dios no se le escapa nada de lo que está pasando, y descubren Su mano bondadosa que todo lo ordena para el bien de los que le aman. ¿Qué mejor preparación para la muerte?

Lo que humanamente es tan triste y doloroso ¡se ve bajo un prisma distinto por la fe!

Hna. María de Guadalupe Rodrigo

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